Cartas al director
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Cuotas para estudiar medicina

Las Palmas de Gran Canaria - 26 jun 2004 - 22:00 UTC

Cuando, hace ya bastantes años, tuve que elegir carrera, y planteaba mis dudas entre varias opciones, mi padre esgrimió un argumento que resolvió de forma instantánea mi indecisión. Dijo exactamente las palabras que he leído en su diario, esta vez en boca del ministro portugués de Sanidad, señor Pereira: "La medicina es una actividad que exige una dedicación de 24 horas, difícil de compatibilizar con las obligaciones domésticas y familiares propias de las mujeres".

Llevo más de 30 años ejerciendo felizmente esta profesión, la mayor parte de ellos con responsabilidades adicionales de gestión, sin que haya percibido en ninguna de las muchas compañeras con las que he trabajado ningún "gran retroceso profesional ni disminución de capacidad de entrega a la profesión por los paros de cuatro meses que suponen cada embarazo". Es más, he tenido dos hijos, y si alcanzara la edad media de jubilación de 65 años, tendría que contabilizar una terrible pérdida de ocho meses de actividad profesional sobre un total de 508 trabajados.

Afortunadamente, los distintos responsables de hospitales en los que trabajo y he trabajado no han compartido el criterio del ministro portugués de Sanidad y han contratado hombres y mujeres médicos en virtud de otros méritos. Y qué decir de la elección de especialista en función del pudor y del recato, de acuerdo a la profunda reflexión del prestigioso investigador señor Sousa.

Lo que me sorprende de las declaraciones de estos colegas portugueses no son sus opiniones, sino el hecho de que unas mentes que expresan tan sólidos razonamientos a favor del establecimiento de cuotas favorables a los hombres en las facultades de medicina tengan que tomar decisiones en el ejercicio de sus trabajos como ministro, presidente del colegio de médicos o de un centro de investigación biomédica.

Creo que es un argumento tan válido como el consejo de mi padre, al que disculpo cariñosamente por las fechas en que se produjo y porque era mi padre, para animar a las mujeres-madres, y cómo no, a los hombres-padres, a que además de estudiar medicina si lo desean, compartan sus obligaciones domésticas y familiares con las tareas de ministro o presidente, porque al menos tendremos muchas posibilidades de que sean sensatos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 26 de junio de 2004.

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