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Crítica:LIBROS

De la claridad

Tras haber publicado su obra completa en la colección de la UPV, con el título Introducción a la tierra en 1988, Eduardo Apodaca ha recogido en Sus ojos diminutos. 1992-1998, trece poemas que dan noticia de su obra poética posterior. Publicados ya algunos en revistas, en su unidad presentan nuevos matices para el lector interesado en la evolución de la poesía que se escribe en castellano en este país.

"La poesía busca suplantar / el orden cotidiano", escribe el poeta como una forma de filosofía poética. En esa frase se resume su actitud: búsqueda de la contemplación y reelaboración en la escritura de un mundo personal: "Mi mundo sigue siendo aquel despiste / en las palmeras de la Plaza Nueva". Un descubrimiento del esplendor en lo cotidiano, una escritura de la contemplación; así puede describirse la poesía de Eduardo Apodaca.

Lo contemplado adquiere matiz poético en lo completado que el verso renueva: "Paisaje contemplado, completado parece / que soy yo; permanece aún vivo el pasado". En esa enumeración pueden verse los temas poéticos que animan la escritura limpia de Apodaca. Es una poesía de línea clara, quizás algo ensimismada, sensible a un microcosmos personal, cercano al paisaje, a los temas que podrían resultar tópicos de no ser por el hálito personal que el poeta les confiere.

Estos trece textos muestran una poesía de la claridad desde la que se escribe una sensación que crece con la contemplación de lo cotidiano. Lo insólito, el pálpito simbólico se recrea en la expresión poética, en la recreación de un mundo familiar al autor y recreado para nosotros.

Eduardo Apodaca: Sus ojos diminutos. 1992-1998. Bermingham, San Sebastián, 2004, 59 páginas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 15 de junio de 2004