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LA POSGUERRA DE IRAK | Las torturas

Interrogatorios, flexiones y música 'rap' a todo volumen

Muwafaq Sami Abbas, abogado, fue sacado de su cama una noche del pasado marzo por tropas de EE UU y conducido junto con todos los hombres que había en ese momento en su casa a una prisión cercana al aeropuerto de Bagdad. Allí fue interrogado durante nueve días por oficiales estadounidenses vestidos de civil y de militar. Abbas recuerda que fue obligado a hacer flexiones hasta que se desmayó y que el descanso era imposible porque por los altavoces no paraba de sonar a todo volumen el himno rap de los Beastie Boys No Sleep Till Brooklyn.

Peor le fue a su padre, de 57 años, un antiguo general del Ejército iraquí, también preso, al que además las fuerzas de ocupación le habían dado un salvoconducto por "su ayuda y cooperación" en los días posteriores a la guerra. Padre e hijo están actualmente libres, pero tres hermanos de Abbas siguen encerrados en la prisión de Abu Gharib. Abbas, que aún tiene en las muñecas las marcas de las esposas de plástico, afirma: "El salvajismo con que los americanos han tratado a los iraquíes lo hemos visto, tocado y sentido. Esas acciones harán que crezcan las fuerzas hostiles a la ocupación y es la razón de la resistencia".

Los presos iraquíes liberados presentan un cuadro del sistema penitenciario montado por EE UU en Irak como un amplio esfuerzo de guerra más orientado a extraer información que a castigar a los delincuentes. Los presos hablan de larguísimas sesiones de interrogatorio, privación del sueño, aislamiento, miedo, humillación y tortura psicológica como norma del régimen penitenciario.

7.000 presos

El sistema alberga a unos 7.000 presos repartidos en 16 cárceles. En cuatro de ellas se encierra a los acusados de tomar parte en acciones de insurgencia. Pero también hay prisioneros -cuyo número se desconoce- en bases militares norteamericanas en Irak.

Abdulá Mohamed Abdulrazaq, un joven de 19 años en paro, estuvo seis meses preso, siendo trasladado de una prisión a otra durante ese tiempo. "Cómo no vamos a odiar a los americanos después del trato que nos han dado", dice ahora. Fue detenido de madrugada cuando tropas de EE UU asaltaron su casa de Bagdad. Esposado y encapuchado, fue llevado a un palacio utilizado por Uday Husein, el hijo mayor de Sadam, y que ahora es una base norteamericana. Allí fue interrogado, primero por soldados americanos y luego por un hombre que vestía el uniforme de un capitán del Ejército de Kuwait. Durante tres días, este hombre le torturó con electricidad, preguntándole por las armas de destrucción masiva, el paradero de Sadam y los insurgentes de su barrio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de mayo de 2004