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VISTO / OÍDO

Hoy es fiesta

Este título lo he puesto otra vez: es del tipo de periodismo crónico que se descuelga a fecha fija. El 14 de abril será siempre fiesta nacional para muchos: en el de 1931 se proclamó la República. Se inauguró un país nuevo de las ruinas del antiguo -el de la Reconquista en adelante- y durante cinco años pudo hacer alguna labor importante en la regeneración, o generación, y luego se lo quitaron con armas los propietarios del pasado, que creen ser propietarios en el tiempo: lo que es de ellos, no puede ser de otros. Cada 14 de abril, que algunos celebran en sus casas, otros en sus balcones y en algunos sitios en las calles, es distinto. Lo que percibo, que no tiene por qué ser real, es que cada vez hay más simpatía bonachona por los Borbones, pero que cada vez hay más banderas republicanas en los actos públicos. Ningún grupo político parlamentario reivindica hoy la reposición de lo robado desde 1936. Por ejemplo, la Constitución. Cuando pareció necesario un cambio de régimen, porque la cabeza visible -demasiado- del anterior había muerto, se hizo otra: una constitución monárquica, en que el rey no rige. No hablo ahora de la restauración republicana; tal como están hoy las cosas, sería posible que el país eligiera a Aznar, a Rajoy, o cualquiera sabe qué franquista, como presidente. De lo que hablo es de una vuelta al espíritu laico, pensador, social; a la trilogía francesa de Libertad, Igualdad, Fraternidad. La del Siglo de las Luces. Para ello hace falta un desarrollo ético y moral, y es muy difícil de regenerar. Los filósofos no son lo que eran, y además los antirrepublicanos -no digo los monárquicos, porque hay muchos tipos en la derecha- han conseguido en sus años de gobierno -desde 1936 hasta el día de hoy- que el pueblo tampoco sea lo que era. En conciencia, digo.

No sé lo que será la República del futuro: espero que no sea la de Fujimori, ni siquiera la de Chirac, ni la que quieren imponer en Irak y se les rompe cada día en mil pedazos. Pero la crónica relata o conmemora lo que sucedió, y la República del 14 de abril de 1931 fue un hecho fasto. No importan quienes desde el principio la renegaron: el cardenal Segura, el general Sanjurjo, Juan March: la eterna trilogía española de Iglesia, Ejército y Capital. Sus mozos de uniforme propio crearon el desorden sangriento y la acusaron de sangrienta y desordenada. Metieron dentro traidores, y la arrasaron: pero lo que ha dejado, su poso, sus ideas, sus logros, son lo más sano de la vida nacional: hoy es su fiesta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 14 de abril de 2004