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COLUMNA

'Lumis'

Existen desde el principio de los tiempos, tanto en la ilegalidad como permitidas. Son la patata caliente del movimiento feminista, en el que hay diversas posturas al respecto y una considerable confusión. Y así, algunas feministas exigen la prohibición de la prostitución, cosa que a mí me parece un verdadero disparate que no sólo no acabaría con el oficio (nunca lo ha hecho), sino que dejaría a las mujeres que lo practican en un completo desamparo.

El puritanismo es un estrujamiento de la conciencia que distorsiona nuestro criterio sobre el tema. Creo que la mayoría de las lumis lo son porque no tienen otra opción; por eso me parecen de perlas las ofertas de trabajos alternativos y los programas educativos (aunque supongo que la mayoría de las personas que trabajan en una embrutecedora cadena de montaje, por ejemplo, tampoco tienen otra opción y también agradecerían alguna ayuda). Asimismo, pienso que la prostitución es el síntoma de una sociedad enferma y que en un mundo ideal nadie pagaría por el sexo. Pero mientras llega ese mundo perfecto hay que proteger a las mujeres, a las que están en esto porque no tienen otra salida y a las que están por libre elección, que también las hay. Y por cierto, yo no veo una gran diferencia moral entre estas profesionales y el mercado tradicional del matrimonio, o sea, entre las prostitutas y las señoras que se casan con un hombre a ser posible rico para que las mantenga. Para mí la verdadera diferencia está en la indefensión de las rameras, y eso es justamente lo que hay que combatir.

Y por lo que se ve no se combate con el nuevo plan que acaba de estrenar el Ayuntamiento de Madrid. La asociación de meretrices Hetaira sostiene que el plan las persigue y dificulta aún más su oficio. Lo que quieren las prostitutas es algo ya inventado: legalización total, calles específicas como en Holanda, asistencia médica, protección policial. El verdadero horror de este trabajo está en las mafias, en los locales regidos por matones, en la trata de blancas, en el comercio infame que hace que en España se pueda desvirgar a una niña latinoamericana por 25.000 dólares. Eso es lo único que hay que perseguir. En cuanto a las prostitutas, lo primero que hay que hacer es respetarlas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 13 de abril de 2004