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Reportaje:

La oligarquía rusa se refuerza durante el Gobierno de Putin

23 magnates poseen el 35% de la industria y presionan para cambiar las leyes en su beneficio, según el Banco Mundial

¿Quién controla Rusia y su economía? Por primera vez desde que comenzaron las reformas liberales, en 1992, un estudio extensivo realizado por el Banco Mundial intenta medir el peso de los oligarcas, los dueños de los grupos financieros e industriales que dominan sectores enteros de la economía y practican la "captura del Estado", es decir, una intensa labor política de presión para manipular las leyes y los reglamentos en su propio beneficio.

Publicado ayer, tres semanas después de la reelección de Vladímir Putin, este informe echa por los suelos la idea de que el presidente ruso logró reducir y controlar a estos grupos durante su primer mandato. Al contrario: la concentración de sectores importantes de la economía en manos de un pequeño número de magnates se ha acentuado, y se dan las condiciones para que el fenómeno se mantenga en el futuro, según afirman los expertos del Banco Mundial.

El dominio de los oligarcas impide el nacimiento de pequeñas y medianas empresas

La ausencia de una justicia independiente que permita la protección de los derechos de los accionistas minoritarios, y la falta de legislación antimonopolio y de normas que favorezcan la competencia, constituyen en Rusia un terreno fértil para esta situación. Según el informe, en todos los sectores y regiones se están formando carteles, oligopolios y monopolios.

De acuerdo con el informe, los oligarcas controlan el 35% de la industria rusa. El documento identifica 23 grupos oligárquicos dominantes con unos ingresos que se elevan a 1,700 billones de rublos, es decir, 49.200 millones de euros. Como comparación, el presupuesto del Estado federal ruso es de 70.000 millones de euros. Los 23 controlan directamente más de 1,4 millones de puestos de trabajo en Rusia. Quince de los 23 grupos poseen activos, al menos, en tres sectores industriales diferentes.

Los oligarcas invierten en la economía. Dedican a ella un 24% o un 30% más de capital que los demás agentes económicos, incluido el Estado (pero no más que los empresarios extranjeros). Sin embargo, ese dinero está concentrado en el sector energético. La capacidad financiera de estos grupos, en un país en el que el sistema bancario no se ha reformado, hace que los 23 se encuentren en buena posición para proseguir su expansión. Redimen empresas y se consolidan. Su peso constituye un freno a la puesta en marcha de reformas estructurales en Rusia, porque no están dispuestos a perder sus ventajas adquiridas desde la desaparición de la antigua Unión Soviética.

Ello explica que Vladímir Putin, hasta ahora, no haya iniciado el desmantelamiento de los grandes monopolios del Estado (gas, electricidad, ferrocarriles), unos bocados que sólo podrían codiciar los grandes oligarcas rusos. Asimismo, estos grupos, con sus importantes reservas de dinero ligadas a los elevados precios de las materias primas, se disponen a beneficiarse de la implantación de regímenes de seguros y fondos de pensiones. Los autores del informe, que han estudiado los favores recibidos por estos magnates a través de las distintas legislaciones federales y regionales, destacan que, a escala regional, el dominio de los oligarcas elimina la competencia e impide el nacimiento de un tejido de pequeñas y medianas empresas necesario para el desarrollo económico del país.

El peso de los oligarcas es todavía más importante si se tiene en cuenta que la participación del sector petrolífero en el PIB ruso es mayor de lo que reconocen las autoridades del país, muy por delante de otros sectores como el energético o el de producción de diamantes. Según el Banco Mundial (que ha hecho un nuevo cálculo), es del 25%, y no del 9%, como dicen las estadísticas oficiales.

La diferencia se debe a un sistema de "transferencia de precios" que permite a los grandes grupos rusos enmascarar parte de sus beneficios en sociedades de venta situadas en paraísos fiscales. La presencia de los oligarcas es abrumadora en el petróleo (65%), el metal (entre el 70% y el 80%), el automóvil (65%) y el sector químico (27%). Se extienden en sentido vertical y horizontal, y crean amplios carteles. La participación del Estado ruso en la industria, hoy en día, es sólo del 25%, concentrada en el gas, la energía y los diamantes.

Los oligarcas, mejores gestores que el Estado, aumentan la productividad y el rendimiento de las empresas de las que se adueñan, dice el informe del Banco Mundial. Pero siempre en proporciones modestas. "Los oligarcas elevan mucho menos la productividad que los propietarios de pequeñas empresas", afirma el estudio, que contradice la opinión más entusiasta de numerosos analistas de bancos de inversiones en Rusia.

Sobre todo, los oligarcas "obtienen resultados mucho peores que los inversores extranjeros en cuestión de rendimiento económico". Pero la presencia de estos últimos en la industria rusa como propietarios sólo llega al 5% (por ingresos), fundamentalmente en el tabaco, la confección y las bebidas, pese a que hace ya 12 años que se iniciaron las reformas y se abrieron las fronteras.

© Le Monde / EL PAÍS.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 8 de abril de 2004