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La falta de seguridad obliga a retrasar las elecciones afganas

El presidente Karzai aplaza los comicios de junio a septiembre

La falta de seguridad y el enorme retraso en el registro de diez millones de votantes llevó ayer al presidente afgano, Hamid Karzai, a aplazar las elecciones presidenciales y legislativas, las primeras en décadas, desde junio hasta mediados o finales de septiembre. El retraso de los comicios se produce después de una recomendación de Naciones Unidas, que consideró que sería un desastre mantener la fecha contra viento y marea.

"Estamos preparados para ir a las urnas, en las presidenciales y en las legislativas, en septiembre", anunció ayer Karzai.

"La comunidad internacional es plenamente consciente de las necesidades de Afganistán para hacer más seguro el país y poder celebrar elecciones libres y justas", agregó el presidente, en una clara referencia a la nueva conferencia de donantes que tendrá lugar el miércoles y el jueves en Berlín.

El aplazamiento de los comicios era considerado inevitable por numerosos observadores occidentales desde hace meses. "Afganistán necesita más tiempo para decidir", escribió en este diario en enero el periodista paquistaní Ahmed Rashid, uno de los informadores que mejor conocen Afganistán, poco después de la aprobación de la nueva Constitución, el mayor éxito hasta ahora en el escarpado camino hacia la democratización de este país.

"Dado que no se ha incrementado la presencia en Kabul de las fuerzas internacionales de paz, que la ayuda occidental para los grandes proyectos de reconstrucción es muy escasa y que los talibanes están volviendo a surgir en el sur, muchos de los 502 delegados en la Asamblea afirmaron que es preciso garantizar los medios de vida y la seguridad antes de realizar elecciones", escribió el autor de Los talibanes.

La fecha de junio fue decidida durante la conferencia de Bonn, celebrada en diciembre de 2001, poco después de la caída de los talibanes tras la ofensiva estadounidense, pero dos años y medio después la situación de seguridad ha bloqueado cualquier posibilidad de cumplir el plan original. Amplias zonas del país, tanto el Sur en manos de los talibanes como el Norte y el Este controlados por señores de la guerra en teoría leales al Gobierno, pero dedicados ante todo a mantener sus esferas de poder, han impedido el recuento de votantes -sólo han sido registrados 1,5 sobre diez millones-. La falta de infraestructuras y las enormes dificultades para viajar por el país en invierno tampoco han facilitado el trabajo de los técnicos de Naciones Unidas.

La ausencia de una ley electoral, la influencia de los señores de la guerra, talibanes y comandantes armados hasta los dientes, sobre los posibles electores, la inexistencia de partidos políticos sólidos, mucho menos influyentes que los lazos tribales y étnicos, son otros problemas muy serios que deberán ser resueltos durante la primavera y el verano. Algunos observadores han insistido en que septiembre es también una fecha demasiado temprana.

La Fuerza Internacional de Asistencia a la Estabilidad de Afganistán (ISAF), bajo mando de la OTAN, tiene desplegados unos 5.500 soldados de 30 países, entre ellos España, pero están concentrados en Kabul, aunque ha sido anunciada repetidas veces la intención de desplegarse fuera de la capital afgana, algo imposible sin el envío de refuerzos. Estados Unidos tiene desplegados unos 12.000 soldados en el país, aunque su misión es perseguir a los talibanes y, sobre todo, intentar capturar a Osama Bin Laden y a sus lugartenientes. La semana pasada, Washington anunció el despliegue en la zona de 2.000 marines y miembros de las fuerzas especiales con el objetivo de participar en una amplia operación, en primavera, para intentar descabezar a Al Qaeda.

Un informe del Gobierno afgano establece que serán necesarias inversiones de 27.500 millones de dólares en los próximos siete años para evitar que el país, minado también por un espectacular incremento del cultivo de la heroína, vuelva a caer completamente "en el caos y en la violencia". "Afganistán está entre los países más pobres del mundo, pero ahora tenemos una oportunidad histórica", dijo Mark Malloch Brown, del programa de la ONU para el Desarrollo, en referencia al encuentro de Berlín.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 29 de marzo de 2004