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Albania pide a la UE que Kosovo no vuelva a depender de Serbia

"La Europa de los 25 no sobrevivirá si no encuentra una solución de progreso para los Balcanes. Y para que esto sea posible, los kosovares han de saber que nunca volverán a depender de Belgrado". Fatos Nano, primer ministro de Albania, no quiere utilizar la palabra "independencia", pero es evidente que no habla de otra cosa. El statu quo de Kosovo, viene a decir, es insostenible y nos lleva a la tragedia. La propuesta de su homólogo serbio, Vojislav Kostunica, de "dividir en cantones" la antigua provincia serbia nos depararía la catástrofe con mayor rapidez. En los Balcanes todos hablan con rodeos, pero entre sí se entienden. Lo grave es que quienes no acaban nunca por comprender estos vericuetos en la región son los políticos occidentales, salvo los más duchos, como Javier Solana. El primer ministro albanés intenta ya que entienda hasta el último primer ministro de la Europa del bienestar el simple mensaje de que las omisiones de acción en Kosovo y la creencia de que la subvención administrativa todo lo cura pueden pagarse muy caras y muy pronto en Kosovo. Y que lo pagaremos todos, pero algunos, como Albania o Macedonia, más que los demás.

Nano estuvo en Kosovo después de los violentos incidentes entre la mayoría albanesa y la minoría serbia del 17 y 18 de marzo, que causaron 31 muertos. Piensa que su intervención ha sido decisiva para poner fin a lo que supuestamente comenzó como una protesta espontánea por la muerte de tres niños albaneses en Mitrovica y pronto se convirtió en una operación de limpieza étnica orquestada contra los serbios. Horas después de pronunciar estas palabras en conversación con EL PAÍS, Nano viajaba a Washington a encontrarse con Bush y manifestar, como otros candidatos al ingreso en la OTAN, su alarma ante la situación.

Con pocas horas de diferencia, el viernes, Javier Solana advertía a los líderes europeos en sesión cerrada en Bruselas que si la UE no volvía a centrar su atención en Kosovo, la amenaza para toda la seguridad europea podía adquirir dimensiones dramáticas. Cinco años después de la intervención militar de la OTAN que acabó con la matanza de albaneses, Kosovo reclama atención. El patio trasero de la UE ampliada amenaza de nuevo con llenarse de muertos cuando el mundo ha entrado en una fase de inseguridad no conocida desde la II Guerra Mundial, Oriente Próximo se hunde en la tragedia y las bombas estallan en las sociedades del bienestar. En Tirana, Nano se reunió con un pequeño grupo de interlocutores para advertir de que el "limbo" en el que se halla Kosovo es insostenible y que el protectorado de la ONU ha dejado de ser factor de estabilidad para convertirse en amenaza. "El Gobierno de Kosovo no puede asumir responsabilidades, luego es visto por todos como un ente sin autoridad. Quien no puede ejercerla no puede reclamar a la población que la respete. Es un círculo vicioso que hay que romper".

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