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MI AVENTURA | EL VIAJERO HABITUAL

La ciudad sagrada, entre nubes

EL DESEO de conocer Machu Picchu, la misteriosa ciudad de los incas oculta por más de cuatro siglos, nos llevó un verano hasta Perú. No queríamos llegar en la ruta férrea convencional, así que optamos por realizar a pie el Camino Inca, ruta de cuatro días que transcurre por el antiguo camino real que los incas utilizaban para llegar a su ciudad sagrada.

Una mañana, cuando aún no había amanecido, nos recogieron en Cuzco para acercarnos al kilómetro 88, donde comienza el camino. El primer día, la ruta es suave. Hacemos un alto para ver las ruinas de Llactapata y pasamos la primera noche en la tienda de campaña. El segundo día es el más duro: hay que subir al punto más alto, el Warmiwañuska, o paso de la Mujer Muerta, a 4.200 metros; pero tenemos ayuda, pues antes de comenzar la subida, nuestra guía, Maritza, nos enseña cómo dirigirnos a los apus (dioses de las montañas), ofreciéndoles hojas de coca y pidiendo su ayuda.

A medida que ascendemos vamos notando el soroche o mal de altura, y es necesario caminar muy despacio para aclimatarnos. El tercer día, el camino comienza a discurrir por las mismas rutas empedradas que hace más de 500 años eran utilizadas por los incas. Nos paramos en las ruinas de Runkurakay y de Sayacmarca, envueltas en bruma y vegetación. Llega el cuarto día y hay que madrugar para alcanzar la puerta del Sol, o Intipunku, y ver amanecer sobre Machu Picchu. No tenemos mucha suerte: llueve y las nubes no nos dejan ver. Pero, según vamos descendiendo, las nubes desaparecen y surge la ciudad perdida de los incas, llena de magia y belleza. Es una sensación única contemplarla desde lo alto, envuelta en nubes, silenciosa, misteriosa.

Fue una experiencia increíble que no hubiéramos podido disfrutar sin la ayuda de los porteadores, que transportan sobre sus espaldas las tiendas de campaña y la comida. Lamentablemente, su trabajo está muy mal pagado. Los viajeros debemos exigirles a las agencias de Cuzco que organizan el Camino Inca que dignifiquen las condiciones de trabajo y los sueldos de estos porteadores.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de febrero de 2004