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Gus van Sant, el poeta de los inadaptados

El cineasta estadounidense logró con su décimo filme, 'Elephant', la Palma de Oro de Cannes

Elsa Fernández-Santos

Un crítico estadounidense le ha definido como el poeta de los inadaptados. Gus van Sant (Kentucky, 1952) se crió como un niño de buena familia, pero su homosexualidad le acercó a los sectores marginales de la ciudad donde creció. Chaperos, putas, drogadictos. La juventud y sus márgenes han sido su fuente de inspiración y la de su mejor cine.

El pasado mes de mayo, el director de Mi Idaho privado lograba la Palma de Oro del Festival de Cannes y el premio a la mejor dirección por su décima película, Elephant. Inspirada en la matanza de Columbine, Elephant (que se estrena hoy en España) no pretende, según ha dicho su director, ni analizar ni buscar respuestas sobre aquella sangrienta tragedia, sino hacer aún mayor el interrogante. A través de una docena de adolescentes, todos actores no profesionales, Van Sant entra en los laberintos, entre idílicos e infernales, de un instituto de su país. Una extraña película de terror que le ha valido el premio más importante del cine y una frontal división entre la crítica internacional.

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"Tan pronto como explicas una cosa, hay otras cinco posibilidades que echan abajo el argumento", ha dicho Van Sant. "Pero, sobre todo", añade, "está el hecho de querer encontrar una explicación para algo que necesariamente no la tiene".

Producida por la actriz Diane Keaton, Elephant -una película intencionadamente abstracta- toma su título de una película de 1989 de la BBC sobre la violencia en Irlanda del Norte. "En un principio pensé que el título hacía referencia a la parábola del ciego y el elefante", explica Van Sant en una entrevista a Cahiers du Cinema. "Es una parábola budista que cuenta cómo varios ciegos examinan diferentes partes de un elefante. Las orejas, las piernas, el rabo, la trompa. Cada ciego está completamente convencido de que entiende la verdadera naturaleza del animal basándose en la parte que tiene en sus manos. Para uno, el elefante tiene forma de cuerda; para otro, de abanico; para otro, de árbol. Pero ninguno puede definirlo en su totalidad". Durante mucho tiempo, Van Sant pensó que el título de la película de la BBC hacía referencia a esta parábola sobre la violencia. "Hasta que leí en unas notas de su director, Alan Clarke, que el título responde a un dicho popular y hace referencia a cómo la violencia es tan fácil de ignorar como el hecho de tener un elefante en el salón".

Gus van Sant debutó en 1985 con Mala noche, la historia de un homosexual blanco enamorado de un inmigrante ilegal mexicano y heterosexual. Una película en blanco y negro que automáticamente colocó a este cantante, pintor y cineasta en el mapa del cine independiente americano. En 1989, su segunda película, Drugstore cowboy, miraba sin falsos paternalismos, con dureza y amor a la vez, a cuatro yonquis que malviven asaltando farmacias. William S. Burroughs, uno de los padres espirituales de Gus Van Sant, interpretaba a un ex cura yonqui. Tres años después, con Mi Idaho privado, el cineasta lograba convertir en icono de una generación emergente, la grunge, a River Phoenix. Van Sant contó la historia de los chaperos que había conocido en las calles de Portland. El cineasta volcó en aquella película algunas de sus obsesiones: la juventud, la homosexualidad, la familia. Phoenix (que improvisó buena parte de su papel) interpretaba a un chapero en busca de su desconocida madre, un huérfano en busca desesperada de alguien que le quiera. "La familia marca nuestra mirada al mundo; por eso creo que todas mis películas hablan de ella", señala en una entrevista incluida en el guión de Mi Idaho privado (Penguin). "En Drugstores cowboy son una familia de drogadictos; en Idaho son una familia callejera, una familia temporal. He conocido la vida de estas familias, sus orígenes problemáticos y sus anhelos". Van Sant no pudo evitar que su propia autobiografía se colara en aquella película. Aunque Mi Idaho privado era, ante todo, una road movie inspirada en Campanadas a medianoche, de Orson Welles, una versión moderna y homosexual de la historia del Príncipe Hal y Falstaff. Años después, y tras la muerte por sobredosis de River Phoenix en pleno Sunset Boulevard, Van Sant escribió Pink, una novela en la que volcó toda su rabia por aquella muerte. El actor se convirtió en el bello mártir de su generación. El dolor por una juventud cada vez más lejana creció en el cineasta.

Hijo de un ejecutivo de provincias, Van Sant pertenece a la misma clase social que retrata en Elephant. "Gus entiende bien a la gente joven. Sabe descubrir el talento y confían en él", afirma la productora de la película, Diane Keaton. Con un guión raquítico y con continuas improvisaciones de diálogos, Van Sant rodó en 20 días Elephant. La película se rodó en Portland, Oregón, donde vive el cineasta, en un centro cerrado y sin estrenar. La luz, la fotografía (inspirada en la obra del gran fotógrafo estadounidense William Eggleston), introducen al espectador en el aire etéreo de unos pasillos desérticos. Apenas hay presencias paternas en Elephant. Tan sólo en la primera escena un padre borracho conduce un coche. Su hijo le obliga a dejar el volante. Prefiere conducir él. El padre, borracho, le espera a las puertas de un instituto que está a punto de convertirse en un infierno.

Gus van Sant.
Gus van Sant.ASSOCIATED PRESS
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Sobre la firma

Elsa Fernández-Santos
Crítica de cine en EL PAÍS y columnista en ICON y SModa. Durante 25 años fue periodista cultural, especializada en cine, en este periódico. Colaboradora del Archivo Lafuente, para el que ha comisariado exposiciones, y del programa de La2 'Historia de Nuestro Cine'. Escribió un libro-entrevista con Manolo Blahnik y el relato ilustrado ‘La bombilla’

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