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ELECCIONES EN CATALUÑA | Una fuerza en ascenso

ERC se alza con la llave del Gobierno

Los independentistas casi duplican su representación y superan el medio millón de votos

Éxito total. Euforia también total. Los independentistas de Esquerra Republicana (ERC) casi duplicaron ayer el número de escaños y votos y lograron la doble llave del Parlamento catalán, su objetivo máximo. Podrán inclinar la balanza hacia el socialista Pasqual Maragall o hacia el convergente Artur Mas. El concurso de los diputados de ERC para formar mayoría de gobierno resulta imprescindible tanto para uno como para otro. El líder republicano, Josep Lluís Carod, se convirtió anoche en la más deseada pareja de baile de Cataluña. Entre el entusiasmo de la militancia, Carod renovó su oferta de Gobierno de concentración catalanista y afirmó que su partido "no quiere pactar ni contra los catalanistas ni contra los progresistas".

Los 23 diputados logrados por ERC le colocan como la bisagra del Parlamento catalán, cuya mayoría podrán inclinar tanto hacia la izquierda, junto con los socialistas e Iniciativa Verds (ICV), como hacia una mayoría nacionalista con Convergència i Unió (CiU). El 16,4% de los votos cosechados por ERC es su récord, casi el doble de los conseguidos en las anteriores elecciones, que fue el 8,7%. Los 23 diputados son también casi el doble de los 12 escaños que tenía en la última legislatura. La satisfacción de los republicanos se disparó cerca de las 23.00 horas en el hotel donde se había concentrado la dirección del partido, con gritos de "independencia, independencia" y de "Carod president, Catalunya independent".

Pero si estas cifras son su récord desde la restauración de la democracia, es la segunda vez que ERC se halla en situación de árbitro del Parlamento. La primera fue en 1980 y fue utilizada para convertir a Jordi Pujol en presidente de la Generalitat después de Josep Tarradellas. ERC pagó entonces un alto precio por haber inclinado la balanza hacia la derecha, hacia lo que muchos viejos republicanos consideraban la continuación de sus antiguos adversarios de la Lliga Regionalista de Cambó, y en las siguientes elecciones autonómicas, ERC perdió 10 de los 14 diputados que tenía en el Parlamento. Ahora como entonces, en ERC hay partidarios de pactar con CiU y partidarios de hacerlo con el Partit dels Socialistes (PSC). Las proporciones son distintas entre la militancia y la dirección. La opción por el Gobierno de concentración parece indicar que Carod no quiere correr el riesgo de repetir la experiencia de 1980 y busca una vía que le ahorre la disyuntiva.

Carod proclamó que el avance espectacular de ERC ha sido "la victoria del catalanismo progresista, civil e integrador". Añadió que en este "momento glorioso" de Esquerra quería tener un recuerdo para su padre, "un aragonés que creía en Cataluña como su país". La relevante posición política alcanzada no le impidió reiterar: "Por si desde Madrid no lo han oído, lo que queremos es una Cataluña libre". Explicó que acababa de recibir la felicitación del lendakari Juan José Ibarretxe. Luego añadió que el país libre con el que sueña es el de Cataluña, el País Valenciano y las islas Baleares. Esta afirmación fue coreada con gritos de "no queremos ser una región de España, países catalanes".

Las primeras declaraciones de los dirigentes del partido tras confirmarse su privilegiada posición fueron para descartar que ERC tenga que inclinarse hacia Maragall o Mas. "No es a nosotros a quienes toca abrir el baile", afirmó el portavoz del partido, Joan Ridao. Tal como preveían los dirigentes de ERC, la equidistancia entre CiU y el PSC mantenida a lo largo de toda la legislatura les ha permitido recoger gran parte de los votos perdidos por CiU. Pero con la misma firmeza que ha mantenido la equidistancia entre los dos primeros partidos, el líder de ERC ha advertido con toda seriedad durante la campaña electoral que en absoluto estaba obligado a apoyar al partido que ganara las elecciones para gobernar y que también podría hacerlo con el segundo.

En el júbilo por lo que consideraba una gran victoria, Carod recordó algunas de las condiciones que su partido ha puesto durante la campaña electoral, no ya para negociar un acuerdo parlamentario o de gobierno, sino para sentarse a negociar. Se refirió a dos: que no será compatible un acuerdo con ERC en Cataluña y al mismo tiempo con el PP en Madrid, y que se acabó cobrar comisiones a contratistas de obras y concesionarios de servicios.

En cualquier caso, los republicanos daban también ayer por muerto el esquema político catalán vigente desde las elecciones de 1984, en el que CiU y el PSC dominaban el escenario de manera casi exclusiva, los primeros desde el Gobierno de la Generalitat y los segundos desde una posición hegemónica en los principales ayuntamientos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 17 de noviembre de 2003