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Crítica:ESCAPARATE

Vuelve el prestidigitador

Se traduce al castellano la más extensa antología de Joan Brossa: La piedra abierta. Son 182 textos, desde 1941 hasta su muerte en 1998, en los que se aprecian las formas poéticas que el escritor catalán cultivó, a la vez que descubre los ejes de su creación. Además, en Fotopoemario la escritura del poeta dialoga con las fotos de Chema Madoz.

Aunque de manera fragmentaria y escasa en comparación a la importancia que su abundante labor creativa tiene en la literatura catalana, y en la poesía española del siglo XX, no es ésta la primera antología ni la primera vez que Joan Brossa (Barcelona, 1919-1998) es traducido al español, pero sí la más extensa y completa de su obra poética hasta ahora, una definida selección cronológica de buena parte de sus poemas más representativos y decisivos, la mayoría inéditos en español. Son casi 500 páginas que reúnen 182 textos, desde sus inicios en 1941 hasta su muerte en 1998 entre poemas, prosas, textos teatrales y cinematográficos. Certera e inteligentemente prologados y seleccionados por Manuel Guerrero, ha contado con un destacado grupo de 11 traductores, una diversidad necesaria para responder a los múltiples registros que dan razón de ser a la obra de Brossa, que a pesar de su aparente sencillez y del carácter sintético de muchos poemas, está llena de juegos de palabras y coloquialismos, de una mezcla de estilos y de una variedad métrica y rítmica que hacen difícil adecuar las versiones con su intencionalidad, su frecuente humor e ironía, y con sus referencias y sentidos de origen.

La piedra abierta muestra la evolución poética y vital de un prestidigitador de la palabra, y de sorpresa en sorpresa, iremos recorriendo distintos modos y géneros poéticos, las caras diferentes de una realidad envolvente: del soneto a la poesía escénica, del romance a la poesía visual, de la oda sáfica y la sextina a la poesía cotidiana o la antipoesía. Su incisiva y certera renovación constante, hace de Brossa un libertario capaz de alejar la poesía del lugar común, de su recurrencia agónica abriendo la escritura a un juego de mayor riqueza, a una vital resignificación mágica. La poesía es un modo de vida, un mecanismo indiscutible de existencia, una ventana a la realidad entendida como punto de partida y no de llegada: "Mi universo es el poema. / No me gusta imitar a la naturaleza / a la manera de los fotógrafos. Necesito / hacer surgir la vida misma. // Y acaba el poema con una / estrofa que no es sino / una palabra: / el Universo". Toda creación es poética más allá de la particular naturaleza de su género. Una poética que es un sistema de espejos, la representación rigurosa de una realidad determinada no sólo por lo que desnuda o refleja, sino por lo inasible que le rodea, por el detrás del espejo: "Después de escribir el poema / los límites de la hoja ya no están / donde fue cortado el papel".

El carácter subversivo de su poesía pone en cuestión las significaciones, la vigencia expresiva de lo ya dado, los hábitos de un lenguaje que es así puesto en jaque. Y cuestionado el lenguaje se cuestiona la realidad del mundo representado. (Buena muestra de ello es, además, el Fotopoemario que reúne 12 texto de Brossa y otras tantas fotografías de Chema Madoz: vías paralelas). La trasgresión está en ir más allá de los límites y usos del lenguaje: "Mesa. / (No me refiero al nombre, / sino a lo que designa) // Mesa. / (No me refiero a lo que / designa, sino al nombre)". La evolución discursiva de una obra tan diversa y prolífica, y a la vez tan compacta y existencialmente única, es puesta en claro gracias a esta antología. La piedra abierta, además de poner de manifiesto las diferentes formas que Brossa cultivó a lo largo de su trayectoria poética, y pensadas para ser impresas, descubre los ejes trasversales que sustentan su creación: del vanguardismo y la experimentación al clasicismo, del compromiso social y político a la ironía, del humor y el juego a la magia y el transformismo, el cine, el teatro y el arte. Un libro único y polimórfico, como la vida misma de su creador. Cualquier adjetivo sobra al dar cuenta de una poesía esencialmente sustantiva, fruto de una sintaxis justa e imprescindible, capaz de dar el máximo con lo mínimo, una cascada continua de sorpresas, un gran telón de palabras. Para Brossa, "la originalidad consiste en renacimientos oportunos". Y la publicación de esta generosa antología, donde "la primera palabra conduce a la última" es sin duda un oportuno renacimiento. Con la eficacia de un acta, el poema titulado Epílogo cierra esta aventura lectora: "Conozco la utilidad de la inutilidad. / Y tengo la riqueza de no querer ser rico", pues la libertad es su interno alimento supremo, un hecho vivo, ilimitado.

Joan Brossa y Chema Madoz. Traducciones de Carlos Vitale y John London. La Fábrica. Madrid, 2003. 96 páginas. 20 euros.

La piedra abierta. Antología poética. Joan Brossa. Liminar de Pere Gimferrer. Prólogo y selección de Manuel Guerrero. Traducciones de Alfonso Alegre Heitzmann y Victoria Pradilla, Nicole d'Amonville Alegría, José Batlló, Pere Gimferrer, Juan Manuel Gisbert, Juan Ramón Masoliver, Mireia Mur,Andreu Rossinyol, Andrés Sánchez Robayna y Carlos Vitale. Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores. Barcelona, 2003. 543 páginas. 28,50 euros. Fotopoemario.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de noviembre de 2003