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FÚTBOL | La Copa se tiñe de luto

El asesinato de Aitor Zabaleta, último precedente

En el fútbol español se han multiplicado los sucesos violentos

Manuel Río Suarez, muerto a golpes ayer en Santiago, es el último nombre que ingresa en el registro oficioso de fallecidos a causa de la violencia que se desata alrededor del fútbol español. El número es incierto pero se sabe con certeza que le precedieron T. M. M., Aitor Zabaleta, Emiliano López, Guillermo Alfonso Lázaro, Frederic Rouquier y Luis Montero Domínguez. No se puede comparar a la lista de 150 muertos del fútbol argentino, ni a la larguísima del fútbol británico o italiano. Pero la frecuencia de muertes en circunstancias violentas es cada vez mayor entre los aficionados españoles.

T. M. M., un hombre de 70 años, pereció el 29 de agosto pasado tras recibir una paliza en un partido de fútbol sala, en la localidad cordobesa de Lucena. Como los equipos implicados no jugaban en Primera ni en Segunda el caso pasó más o menos inadvertido. Sin ninguna trascendencia, si se compara con la conmoción que supuso el asesinato de Aitor Zabaleta, hincha de la Real Sociedad. De visita en Madrid para ver un partido de Copa, con su novia, Zabaleta recibió un navajazo junto al estadio Vicente Calderón. Se lo asestó un cabeza rapada en la noche del 8 de diciembre de 1998, con tanta bellaquería que la víctima apenas si notó que había sido agredido y siguió andando un rato antes de desmayarse.

Antes de Zabaleta, el 15 de marzo de 1992, murió Emiliano López de otra puñalada cuando festejaba un gol del Barça en un bar de A Coruña. Sufrió el ataque deliberado de un fanático del Atlético.

A Guillermo Alfonso Lázaro, de 13 años, nadie se propuso matarle. Pero falleció en el acto al recibir el impacto de una bengala en el pecho mientras miraba un partido del Espanyol en su localidad de Sarriá. El culpable fue condenado a seis meses de prisión y al pago de una indemnización de 42 millones de pesetas.

Junto a Sarriá, el 13 de enero de 1991 fue apuñalado Frederic Rouquier a manos de cinco neonazis. Hasta Rourquier, el fútbol español nunca había registrado muertos por agresión. Sólo hubo un caso de fallecimiento violento pero pudo tratarse de un accidente. La muerte de Luis Montero Domínguez, que fue atravesado por una bengala de salvamento marítimo en el Ramón de Carranza de Cádiz, el 15 de abril de 1985, resultó un mero precedente de Sarriá.

El pasado domingo, en el Langreo-Oviedo, de Tercera, dos personas resultaron heridas con arma blanca. Y hace poco más de un año, concretamente el 6 de octubre de 2002, el derbi andaluz entre Sevilla y Betis se vio ensombrecido por unos fuertes incidentes ocurridos en el interior del estadio, en el que ultras propinaron una brutal paliza a un vigilante de seguridad, que a punto estuvo de costarle la vida, y agredieron al portero bético Toni Prats. En el duelo sevillano anterior se lanzaron bengalas contra una grada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 8 de octubre de 2003