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El consumo y el gasto militar tiran de la economía de Estados Unidos

Una de cal y otra de arena en la economía de EEUU. La cifra definitiva de crecimiento del segundo trimestre ha resultado ser del 3,3%, en lugar del dato provisional del 3,1% que se dio en junio y que pocos habían aventurado que se iba a modificar. Pero el índice de confianza de los consumidores de septiembre cae al 87,7%, frente al 89,3% de agosto.

Los dos datos ilustran bien el escenario de la economía estadounidense: señales objetivas de reactivación junto a elementos preocupantes sobre el tipo de recuperación en marcha. La economía crece (el producto interior bruto del último trimestre de 2002 y del primero de 2003 se quedó en un anémico 1,4%), pero es un crecimiento que no crea casi empleo; si a eso se le une la exorbitante factura de la guerra y posguerra de Irak, el resultado es que los consumidores no acaba de creerse la recuperación.

Y eso que el consumo de bienes y servicios (del que dependen dos terceras partes de la economía estadounidense) es la locomotora, según los datos revisados del segundo trimestre: un 3,8% de incremento, casi doble del primer trimestre del año.

Guerra de Irak

La compra de casas en agosto ha sido también alta; la actividad industrial y los pedidos de empresas resucitan con un cierto vigor.

En la responsabilidad del crecimiento hay que destacar, en todo caso, el enorme incremento del gasto militar en el segundo trimestre, consecuencia directa de la guerra en Irak. El aumento en la factura de defensa fue del 45,8%: no había una subida de esta magnitud desde la guerra de Corea, en 1951. Dado el incierto panorama de la posguerra, no es aventurado pensar que el gasto militar se mantendrá en niveles similares en los próximos meses.

El mismo conflicto, por otra parte, es uno de los elementos que la Universidad de Michigan valora negativamente a la hora de analizar la caída de confianza de los consumidores. Los costes de la ocupación de Irak, tanto militares como de reconstrucción -el presidente Bush acaba de pedir al Congreso otros 87.000 millones de dólares, además de los 79.000 millones aprobados en abril, en una situación de déficit presupuestario récord- y la incertidumbre sobre el futuro pesan en las expectativas sobre la marcha de la economía.

Probablemente por encima de la incertidumbre creada por la guerra de Irak se encuentra el desánimo causado por la ausencia de crecimiento del mercado laboral. El estancamiento del desempleo en el 6,1% impide a parte de la población notar los beneficios de la aparente salida de la recesión. En todo caso, el índice de confianza está en mucha mejor situación del 77,6% del pasado mes de febrero. Teniendo en cuenta que comienza el año electoral, la Casa Blanca tiene puesta toda su confianza en que el crecimiento del segundo semestre del año supere holgadamente el 4% y empiece a repercutir en el empleo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 27 de septiembre de 2003