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Los cuatro grandes de Europa minan el Pacto

Gran Bretaña se une a Francia, Alemania e Italia para pedir un déficit superior al 3% del PIB

El Pacto de Estabilidad no quedó ayer "sepultado a orillas del Lago Mayor", como dijo el ministro alemán de Finanzas, Hans Eichel, pero sí aún más anémico de lo que ya estaba antes de celebrarse en ese lugar la reunión de dos días que los titulares europeos de Economía cerraron ayer en Stresa. El enfrentamiento fue duro pero desigual, porque los representantes de las cuatro potencias económicas de Europa (Alemania, Francia, Italia y Reino Unido), todos ellos con elevados déficit públicos, apostaron por una "suavización" de las reglas del Pacto para favorecer el repunte económico y, lógicamente, por no castigar a París por el incumplimiento de unas normas que todos firmaron hace seis años.

Los cuatro grandes países no ven mal, e incluso elogian, el anuncio del viernes del ministro francés, Francis Mer, de que París seguirá manteniendo un déficit público por encima del 3% del PIB el año que viene y que sólo bajará de ese límite consagrado en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento en el año 2005, algo que el comisario de Asuntos Económicos Pedro Solbes califica de "insuficiente". El aviso de Mer, que encima no lo hizo ante sus colegas sino ante los periodistas, se produce cuando Francia ya superó esa frontera el año pasado (3,1%) y lo hará este ejercicio (prevé un 4%). O sea, París afirma que se saltará a la torera el Pacto al menos tres años consecutivos, pero los grandes no lo critican.

Solbes dice que es "insuficiente" que el déficit francés esté por debajo del 3% en 2005

Duisenberg cree que Europa crecerá a un ritmo del 2,5% desde mediados de 2004

Alemania, que está en situación similar aunque al menos guarda las formas públicamente, sigue siendo el principal valedor de Francia. Contra lo evidente, Eichel llegó a decir ayer que "está claro que Francia quiere respetar el Pacto" y que se sentía satisfecho por los "claros" comentarios realizados por Mer, quien se limitó en la reunión a decir que París reducirá el año que viene gastos en sanidad y pensiones.

El ministro italiano, Giulio Tremonti, optó por ser muy prudente al respecto pero, desde Roma, el propio primer ministro y actual presidente de la Unión, Silvio Berlusconi, dijo que se necesita "una fuerte suavización del Pacto" porque, para conseguir el esperado repunte económico, es necesario "poner más el acento" en el crecimiento que en el equilibrio presupuestario, informa France Presse.

Más claro aún fue Gordon Brown. El ministro británico razonó ayer que, si EE UU y Japón están ya en la senda de la recuperación pese a tener elevados déficit públicos (cerca del 5% y del 8%, respectivamente), "lógicamente necesitamos una cierta suavización para lograr un crecimiento".

Con apoyos de semejante envergadura, a los que se sumó el primer ministro luxemburgués, Jean-Claude Juncker -"si combinamos estabilidad y crecimiento, Francia respetará el Pacto en 2005"-, las voces críticas a París pesaron menos pese a ser más numerosas. "El Pacto lo vamos a mantener porque contiene las reglas que nos hemos dado a nosotros mismos", opinó el español Luis de Guindos, secretario de Estado de Economía, quien agrega que "el Pacto es más inteligente y flexible de lo que a veces se cree".

Airado, el austriaco Kart-Heinz Grasser comentó que "el Tratado es claro y el Pacto también: 2005 no es una respuesta". "No quiero que las reglas se cambien porque algunos países tengan dificultades", agregó, porque el Pacto señala que los desequilibrios presupuestarios hay que eliminarlos "cuanto antes". El holandés Gerrit Zalm repitió que "es insuficiente" el planteamiento francés y similares planteamientos hacen otros países como Portugal, que este año cumplirá ya con el Pacto tras haberlo incumplido en 2001, o Finlandia y Suecia. El ministro de Finanzas de este país, Bosse Ringholm, se quejó ayer de que la actitud de países como Francia haya podido perjudicar a los partidarios del "sí" en el referéndum que sobre el euro se celebra mañana en su país.

Pese a este desequilibrio de fuerzas, el comisario de Asuntos Económicos, Pedro Solbes, que ayer hizo algunos apartes bilaterales con el francés Mer, insiste en que París "se ha acercado a las recomendaciones que le hizo el Ecofin, pero no las satisface, porque incluían como objetivo el año 2004". A Mer le parece "normal" que Solbes se queje, pero parece decirlo que desde la tranquilidad de quien sabe que será prácticamente imposible que la Comisión tenga éxito si el mes que viene lanza un procedimiento contra Francia con nuevas recomendaciones, en este caso con fechas fijas, o incluso si, como última opción, opta en el futuro por proponer unas sanciones que podrían llegar a una multa equivalente al 0,5% del PIB francés.

Las propuestas de la Comisión, como guardiana del Tratado de la UE y del Pacto, tendrían que contar en el Ecofin con unos apoyos que ayer quedó claro que no disponen. Seguramente por eso, el luxemburgués Juncker, a modo de portavoz de los grandes pese a ser el país más pequeño de la Unión, contestó ayer tajantemente al ser preguntado sobre las supuestas sanciones a Francia: "Querría que todo el mundo se comporte de tal manera que esta cuestión no vuelva a plantearse".

Es lo contrario que opina el Gobierno holandés, que incluso ha amenazado con llevar a la Comisión al Tribunal de la UE si no interviene contra París. "El Pacto debe aplicarse si hace falta", declaró Solbes, quien recordó que "es muy pronto para hablar de sanciones". Solbes, que también cuenta con el explícito apoyo del presidente del Banco Central Europeo (BCE) al defender la vigencia del Pacto, tendrá que analizar el próximo día 3 si los presupuestos franceses de 2004 se ajustan o no a las recomendaciones hechas a París el 3 de junio para que reduzca su déficit.

De otro lado, Solbes abordó con los ministros brevemente el caso Eurostat, la oficina estadística que depende de él en la que se ha descubierto una doble contabilidad y contratos ficticios. El comisario garantizó la fiabilidad de los datos de la oficina y anunció una próxima reestructuración de la institución. En la cena del viernes, varios ministros le expresaron en privado su solidaridad y le transmitieron su cerrada confianza.

El Ecofin abordó también ayer un nuevo problema que afecta a la economía europea. Si hasta ahora se insistía en que la revalorización del euro frente al dólar perjudica a las exportaciones europeas, los ministros de Finanzas se mostraron especialmente preocupados por el hecho de que el valor de las monedas asiáticas, sobre todo el yuan chino y el yen japonés, está directamente ligado al dólar con el consiguiente perjuicio para el comercio de Europa. El presidente del BCE, Wim Duisenberg, abogó ayer en Stresa por "una base de ajuste más justa" para frenar esos "desequilibrios mundiales".

Entre enero y agosto pasado, el euro se revalorizó un 14% con respecto al dólar. La Comisión estima que al final del año el porcentaje medio será el 11%, con el consiguiente "impacto negativo" sobre el comercio europeo, como destaca el informe que Solbes presentó al colegio de comisarios el pasado miércoles.

La única noticia positiva de la reunión de los ministros de Finanzas la aportó ayer Duisenberg, quien dejará el cargo el 30 de octubre. Al "moderado optimismo" con que Solbes ve la recuperación económica, el presidente del BCE agregó que la recuperación será "lenta, progresiva y moderada", pero que Europa recuperará su potencial de crecimiento (alrededor del 2,5%) a mediados de 2004.

Desacuerdo sobre el IVA reducido

El holandés Fritz Bolkestein, comisario de Mercado Interior, comprobó ayer en el Ecofin el profundo desacuerdo que existe en la UE a la hora de pactar un listado de productos y servicios a los que se aplicaría un IVA reducido de manera armonizada en toda la UE. Desde hace años, cada país de la Unión aplica ese impuesto reducido a los productos y servicios que en su día consideró adecuados para crear nuevos puestos de trabajo. Esos regímenes especiales deben quedar derogados el año que viene y sustituidos por uno general válido para toda la Unión. Bolkestein propone que el tipo normal sea del 15% y el reducido, del 5%, desapareciendo la opción de la eliminación total.

Ahora, el IVA oscila entre el 0 y el 25%. En restauración, por ejemplo, hay ocho países que aplican un impuesto reducido: España, Grecia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Holanda, Austria y Portugal. Ahora, podrán hacerlo los demás. Pero Alemania, Austria, Dinamarca o Suecia rechazan estas rebajas. Como tampoco admiten un IVA reducido en la distribución del gas o la electricidad, que en España está ahora en el 16%.

Otros países, como Reino Unido o Irlanda, se quejan de lo contrario. En esos países, la ropa y el calzado de niño no paga IVA y, con la propuesta de Bolkestein, habría que aplicar un mínimo del 5%.

A algunos países, lapropuesta de Bolkestein les parece "restrictiva" y a otros, "magnánima". A España no le afecta, salvo que el Gobierno decidiera aplicar sobre algunos productos la reducción que, en teoría antes de fin de año, será pactada por los Quince sobre algunos sectores.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de septiembre de 2003

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