OPINION DEL LECTORCartas al director
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Impunidad

La patrona de los automovilistas y de los motoristas de Valencia lleva por nombre Nuestra Señora de la Impunidad. Y ello porque se cuentan por cientos o por miles los que a diario transgreden impunemente norma tras norma de la circulación rodada: unos y otros aparcan en aceras, calles peatonales, pasos de cebra, semáforos, conducen a velocidad excesiva y criminal, circulan en dirección prohibida, se saltan semáforos en rojo, etcétera...

Dicha impunidad requiere la necesaria colaboración de quienes deben velar por unas normas cuya razón de ser es garantizar o al menos favorecer una convivencia ciudadana lo más pacífica posible. Y ocurre que en nuestra ciudad la ley tiene un valor añadido ornamental, en el sentido de que parece adornar permanentemente su lugar de asiento hasta que, eventualmente, un guardián de la ley la rescata y hace servir para lo que nació, it est, para ser cumplida. Lástima que una ley que no rige en todo momento y lugar y para todos, no merezca el digno título de ley y sí en cambio su burla ciudadana.

Hasta aquí lo triste del caso. Lo trágico es que la masiva ciudadanía sea cómplice. Y lo es por no denunciarla, por ejercitarla, o por sostener a quien la consiente. Chusma de civitas en una maldita urbs.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 13 de agosto de 2003.

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