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Crítica:FERIA DE SAN SEBASTIÁN | LA LIDIA

Muere un caballo de Diego Ventura

La tragedia se consumó en el tercer toro. Por un tropezón, no se sabe si por culpa del jinete o porque falló el caballo, el toro arrolló al equino y el jinete salió despedido. El toro se cebó con el caballo y lo corneó hiriéndolo de muerte. Cuando entre todos consiguieron que el toro se apartara del caballo, para entonces el pobre animal llevaba el paquete intestinal colgando. Daba grima ver al pobre caballo arrastrando sus entrañas. Cuando consiguieron llevarle a las dependencias veterinarias nos llegó la noticia de que le tuvieron que apuntillar.

Rui Fernandes estuvo muy frío ante un toro que era un témpano. Eso, en su primero. En su segundo valoramos un rejón a porta gayola muy bien ejecutado, seco. Bien de ejecución, pero mal de colocación en banderillas.

Hernández / Fernandes, Cartagena, Ventura

Toros de Félix Hernández, despuntados para rejoneo. 1º muy manso, 6º manso y el resto cómodos para la lidia, destacó el 2º. Rui Fernandes: dos rejones (silencio); pinchazo y rejón (ovación). Andy Cartagena: rejón trasero ladeado y descabello (silencio); pinchazo y cuatro descabellos (ovación). Diego Ventura: rejón caído y trasero (petición de oreja); rejón y tres descabellos (ovación). Plaza de Illumbe, 10 de agosto, 1ª de feria. Tres cuartos de entrada.

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Andy Cartagena estuvo cumplidor en sus dos toros. Muy bien en su segundo en los quiebros en banderillas.

Diego Ventura estuvo eficaz después de la cogida de su caballo. Sacó otros ejemplares de su cuadra, y lo hizo muy bien. En su segundo realizó demasiadas pasadas en falso en banderillas. Las tres rosas que colocó estuvieron desigualmente puestas.

Celebramos las decisiones que tomó el nuevo presidente de la plaza de San Sebastián, Francisco Tuduri. En primer lugar, la petición de oreja a Diego Ventura no era mayoritaria, pese a todo el drama que supuso la cogida de su caballo. Con relación a la negativa de este presidente a que Andy Cartagena colocara una rosa, creemos que el presidente volvió a tener razón, ya que ese toro había recibido un sinfín de rejones, banderillas largas y banderillas cortas. No se puede ir matando a los toros como si fuera una carnicería.

En recuerdo del caballo muerto citemos unos breves versos del poeta del ventisiete Fernando Villalón: "Mi caballo marismeño / que no le teme a los toros / ni a los jinetes de acero". Si no se me parte el palo, / aquel torillo berrendo / no me hiere a mí el caballo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de agosto de 2003