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Reportaje:

Arqueología sin pico ni pala

Dos estudiantes de la Politécnica de Valencia usan un método innovador para rastrear yacimientos con señales eléctricas

¿Se pueden encontrar restos arqueológicos sin necesidad de cavar bajo tierra? Dos estudiantes de topografía de la Universidad Politécnica de Valencia han dado respuesta al interrogante a través de su proyecto de fin de carrera: sí. Mediante un innovador sistema basado en señales eléctricas, José Jiménez y Rafael Rozalén han analizado restos del Neolítico, de hace unos 4.000 años, en la localidad de Montaberner, en la Vall d'Albaida. Y sin mover un centímetro cuadrado de tierra.

El proyecto de estos dos estudiantes, titulado Estudio del método de imágenes resistivas dipolo-dipolo en el asentamiento neolítico de Montaberner, se basa en la resistividad que ofrecen los materiales del subsuelo a la emisión de señales eléctricas. Así, un aparato registra las variaciones del terreno y devuelve un modelo de lo que se esconde a pocos metros de la superficie.

De este modo, sin necesidad de cavar, se pueden descubrir yacimientos de túneles, tumbas u otro tipo de restos sin que las pesadas máquinas de excavación dañen el terreno. "No hace falta que toques absolutamente nada para descubrir los restos", afirma Jordi Padín, doctor en Geofísica y tutor de los topógrafos. "Es algo muy novedoso y tecnológicamente puntero. Ningún aparato de los que se utilizan para arqueología en la actualidad tiene la precisión y el poder de resolución de este sistema. El campo de aplicación es tremendo, por ejemplo para buscar tumbas de la Guerra Civil", añade Padín.

En España se utilizan otros métodos para la detección de yacimientos arqueológicos, como el georradar y la magnetometría, pero la resolución de este nuevo sistema es mucho mayor. "Es muy preciso y muy sensible al cambio de materiales. Descubrimos que los yacimientos estaban exactamente en la profundidad donde habíamos calculado", explica Rafael Rozalén. "Define muy bien las formas. Obtenemos un diseño en dos dimensiones de lo que hay bajo tierra, y se puede saber la forma geométrica que tiene. La ambigüedad que tienen otros métodos desaparece con éste. Con otros sistemas hubiéramos visto que hay una zona con una resistencia diferente, con unos materiales distintos al resto, pero no sabríamos que son silos. Ahora sí", añade José Jiménez.

El método supone un gran ahorro de tiempo y dinero, sobre todo para las grandes excavaciones, y su abanico de aplicaciones es enorme. "Imagínese la Lonja de Valencia. Ahí no se puede tocar prácticamente nada, porque es un edificio protegido. Pero con este método podemos saber en cinco minutos si debajo hay una acequia o una tumba", dice Padín.

Los resultados del estudio de ambos estudiantes ha sorprendido incluso a los arqueólogos de la Universitat de València y varias empresas privadas se han interesado ya en el sistema. El método dio sus primeros pasos en Estados Unidos, pero la versión más avanzada del aparato es francesa y fue desarrollada por M. H. Loke, el creador de los programas y considerado el padre del método. Los topógrafos conectaron incluso con el mismo Loke mediante correo electrónico para consultarle sus averiguaciones. "Nos quedamos muy sorprendidos cuando nos respondió a una de nuestras dudas desde Malasia", recuerda Rafael Rozalén. "Los resultados son muy buenos. Hemos trabajado en el segundo yacimiento a cielo abierto del Neolítico más importante de la Península Ibérica, después del de Alcoi", añade José Jiménez. Y sin utilizar pico y pala.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 13 de junio de 2003