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Reportaje:CRÓNICA EN VERDE

La costa virgen

Un recorrido por los espacios naturales menos conocidos del litoral andaluz

Sevilla
La costa andaluza está sometida a una intensa presión turística y a diversos aprovechamientos, como el agrícola, que han alterado el paisaje y la calidad ambiental de este sector. Al llegar el verano se multiplica el uso recreativo de la fachada litoral. Con todo, aún es posible encontrar enclaves protegidos que se mantienen al margen de esta avalancha. Junto a los espacios que gozan de cierta popularidad, como Cabo de Gata, hay otros menos conocidos que reúnen interesantes valores naturales.

Aunque las sierras de interior son las que aportan mayor cantidad de territorio a la red de espacios naturales protegidos de Andalucía, la fachada litoral, a pesar de estar sometida a intensos aprovechamientos, aún mantiene enclaves con el suficiente valor como para estar incluidos en esa nómina de territorios amparados por la Administración. En total, son casi una treintena de espacios litorales los que disfrutan de alguna figura de protección. Los hay extensos, y bien conocidos, como el Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar (Almería), pero también es posible visitar otros, de tamaño más reducido y escasa popularidad:

- Arrecife-barrera de Posidonia (Roquetas de Mar, Almería). No es un arrecife de coral lo que encontramos en esta franja costera de Almería, una de las pocas que, en el municipio de Roquetas de Mar, están libres de urbanizaciones. Si se otorga este nombre a la comunidad de fanerógamas marinas que se localizan en este enclave es porque, debido a su crecimiento en vertical y a la poca profundidad a la que se encuentran, llegan a alcanzar la superficie del agua, adquiriendo así un aspecto similar al de los verdaderos arrecifes de coral. Las fanerógamas marinas, y en este caso la Posidonia oceanica, son plantas con flores que se extienden a lo largo del fondo marino creando auténticas praderas. En estos bosques sumergidos habitan un sinfín de animales y vegetales buscando protección y alimento

- Corrales de Rota (Cádiz). Fenicios y romanos utilizaron en Andalucía artes de pesca que han sobrevivido al paso del tiempo, como los corrales, una suerte de trampa seminatural usada en el litoral gaditano. Algunos de los corrales mejor conservados, aunque siguen recibiendo la presión incontrolada de los mariscadores furtivos, son los situados en la playa del mismo nombre, junto al casco urbano de Rota. Parcelas delimitadas por muretes de construcción artificial cuya cota de coronación, a media marea, permite la entrada de peces durante la pleamar y su fácil recolección o pesca en la bajamar. Las peculiares características de los corrales, que se mantuvieron en explotación hasta mediados del siglo XX, hace que en ellos puedan convivir especies animales y vegetales propias de zonas rocosas junto a otras que gustan de los fondos de arena o fango.

- Tómbolo de Trafalgar (Barbate, Cádiz). El famoso cabo de Trafalgar, con su inconfundible faro de corte clásico, compone, junto a la localidad de Los Caños de Meca, una de las estampas más bellas del litoral andaluz. Y es justamente en este saliente en el que encontramos un llamativo tómbolo, denominación que reciben aquellos depósitos compuestos por diferentes materiales que permiten la unión de algunas islas a tierra firme. En este caso se trata de un pequeño islote de arenisca conectado a la costa por un doble tómbolo transversal, compuesto por arenas sueltas de origen reciente. Esta curiosidad geológica, declarada monumento natural, es de gran interés ya que permite comprender la compleja dinámica y los procesos de génesis y evolución de los sistemas costeros.

- Peñones de San Cristóbal (Almuñécar, Granada). La Punta de San Cristóbal es el rasgo geológico más característico de la costa de Almuñecar. Se trata de un saliente compuesto por tres peñones enfilados hacia el mar, afloramientos rocosos que dividen la principal playa de este municipio en dos tramos. El Peñón del Santo, el Peñón de Enmedio y el Peñón de Fuera son los elementos que se integran en este monumento natural que apenas ocupa 2,36 hectáreas. El primero de ellos es el único que está afincado en tierra firme y es, además, el de mayor tamaño, con una altura máxima de 30 metros. El mirador que encontraremos al final de este paseo nos ofrece una magnífica panorámica de los peñones, el tramo costero y el propio casco urbano de Almuñécar.

- Acantilado del Asperillo (Almonte, Huelva). Incluido en el Parque Natural de Doñana, este sistema dunar reúne soberbias acumulaciones de arena que, en algunos puntos, superan los 100 metros de altura sobre el nivel del mar. Estas dunas, con miles de años de historia, se hallan hoy separadas del mar y la playa que las vio nacer, al haberse elevado la costa en este sector del litoral. De esta manera se originó un acantilado, que alcanza los 30 metros de altura, compuesto por las areniscas que ha depositado el viento y sobre el que cabalgan las dunas. Un sendero señalizado, el de la Cuesta Maneli, cuyo acceso está bien indicado en la carretera Mazagón-Matalascañas, nos permite recorrer este atractivo enclave sin demasiado esfuerzo.

Comentarios y sugerencias a propósito de Crónica en verde pueden remitirse al e-mail: sandoval@arrakis.es

Las islas del sur

Las islas, escasas y de pequeño tamaño, son uno de los elementos más atractivos del litoral andaluz. Aunque retirada de la franja costera y, por ello, de difícil acceso, la más valiosa es la de Alborán, situada a 48 millas de Adra (Almería) y, curiosamente, incluida en el término municipal de Almería capital. Este pequeño afloramiento rocoso, declarado paraje natural, apenas ocupa 71.000 metros cuadrados, elevándose unos 15 metros sobre el nivel del mar.

Pese a su reducido tamaño, la exposición a fuertes vientos, la ausencia de agua dulce y la pobreza de su suelo, en Alborán crece una comunidad vegetal sumamente interesante, entre la que destacan algunas especies endémicas. También habita una nutrida colonia de aves, con ejemplares, por ejemplo, de la amenazada gaviota de Adouin.

Pero quizá la mayor biodiversidad animal se encuentre bajo las aguas. Además de los codiciados bancos de coral rojo, abundan otros caladeros de gran importancia comercial. Las extensas praderas de Posidonia oceanica y otros vegetales submarinos prestan cobijo a numerosas especies.

De más fácil acceso son las islas de Terreros y Negra, en Pulpí (Almería), declaradas monumento natural. De los afloramientos rocosos que salpican el litoral almeriense, la isla de Terreros, de origen volcánico, es el más grande (alrededor de 150 metros de longitud y hasta 30 metros de altura sobre el nivel del mar) y el que se encuentra más alejado de la costa (unos 700 metros en línea recta).

También de origen volcánico, la isla Negra, situada al norte y no muy alejada de la anterior, es algo más pequeña y se encuentra sólo a 50 metros de la costa. En ambas se localizan importantes colonias de aves.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 9 de junio de 2003

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