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Entrevista:Denis MacShane | Secretario para Asuntos Europeos del Reino Unido

"Gibraltar es para Gran Bretaña lo que Ceuta y Melilla son para España"

Hace sólo un año, España y el Reino Unido afrimaban estar a punto de firmar un acuerdo para compartir la soberanía sobre Gibraltar, pero desistieron a mediados de julio. En noviembre, los gibraltareños se pronunciaron contra esa posibilidad, y Londres estableció una pausa en las negociaciones. España sigue manteniendo que las conversaciones prosiguen. Peter Hain, el secretario de Estado para Europa que protagonizó todo aquel periodo, fue sustituido por Denis MacShane. Este nuevo responsable directo de la política sobre Gibraltar en el Foreign Office deja claro en esta entrevista que toda aquella negociación es ya cosa pasada, por mucho que Aznar y Blair hayan cooperado en la guerra de Irak.

Antiguo director general para Iberoamérica, Denis MacShane, de padre polaco, capaz de hablar español por razones del oficio, celebró el pasado viernes su primera entrevista de trabajo en Madrid con su homólogo, Ramón de Miguel. Sólo se habló de Gibraltar marginalmente. El secretario británico explica que Londres y Madrid tienen ocupaciones mejores que un contencioso que depende absolutamente de la voluntad de los gibraltareños y para el que no parece vislumbrar solución antes de 25 o 30 años. Incluso comparó al Peñón con Ceuta y Melilla que, según la Constitución, no son colonias sino ciudades españolas.

Pregunta. Tras estos primeros contactos con Madrid, ¿cree que su trabajo aquí va a ser fácil?

"Creo que Madrid y Londres tienen temas más importantes de que tratar que Gibraltar"

"Las posibilidades de llegar a un acuerdo no aceptado por los gibraltareños son cero"

"La base naval tiene que ser de soberanía británica si Europa quiere ser superpotencia"

Respuesta. Las relaciones bilaterales son fuertes, lo fueron en tiempos de Felipe González, lo son ahora porque hay una estrecha relación entre el señor Aznar y el señor Blair, del mismo modo que hubo una estrecha relación incluso entre González y la primera ministra conservadora británica Margaret Thatcher. Creo que España y Gran Bretaña comparten también en Europa un sentido de identidad nacional muy fuerte, una historia pasada de poderes imperiales y una fuerte vinculación con Estados Unidos. Esos lazos estructurales permanecerán con independencia de los cambios de Gobierno que puedan producirse en los próximos años.

P. Pero ambos países tienen también intereses muy divergentes en la UE, por ejemplo en todo lo relativo a la política agrícola, pesquera o a las ayudas estructurales. ¿No es eso un problema?

R. No, porque cada país europeo tiene intereses económicos muy específicos, pero hay que mirar más allá, a la necesidad de construir una Europa efectiva que tiene que estar en continuo proceso de reforma.Tenemos que aceptar cambios constantes en la organización del Presupuesto europeo, y España tendrá que aceptar nuevas ideas sobre la política agrícola y en otros campos. En Gran Bretaña, tenemos la misma queja de muchos ciudadanos, de que otros países europeos están contra nosotros, pero hay que ir más allá de esa mirada provinciana.

P. La posición del Reino Unido fue también contraria a los intereses españoles en la Organización Marítima Internacional, cuando se discutieron las indemnizaciones por la catástrofe del Prestige.

R. Todo país tiene que pensar cuál es el mejor modo de desarrollar su política europea. En Gran Bretaña tenemos una expresión que dice que sobre casos individuales se hacen leyes malas. Queremos un régimen mucho más estricto para los buques petroleros, porque nuestra propia costa ha sido tan perjudicada por la catástrofe del Prestige como la costa de Galicia, pero siempre nos pone nerviosos que se introduzcan cambios importantes en la legislación internacional a partir de un caso individual.

P. También se ha visto aquí con cierta sorpresa la facilidad con la que el Reino Unido ha llegado a un acuerdo con Roma para el despliegue militar italiano en Irak, mientras que las aspiraciones españolas a estar en esa misma zona han sido ignoradas.

R. Lo que queremos es que haya más presencia europea en Irak. Estamos discutiendo, por ejemplo, que algunos soldados británicos estén a las órdenes de los polacos, y eso no es un problema porque en los Balcanes, por ejemplo, hay soldados británicos que sirven bajo mando de Francia u Holanda.

P. Luego está Gibraltar. Tras este primer contacto en Madrid, ¿considera que es un problema con el que se puede convivir o ha apreciado una particular urgencia por parte del Gobierno español?

R. No. Gibraltar es para Gran Bretaña un poco lo que Ceuta y Melilla son para España. No es parte de nuestro territorio, pero la gente de allí se siente muy británica, del mismo modo que la gente que vive en Ceuta y Melilla se siente cien por cien española. Creo que debemos respetar esas ligazones nacionales. Hace mucho tiempo que creo que el mejor modo de tratar con Gibraltar es un modo amable, persuasivo y amistoso, sin hacer de ello un gran tema político. Cuando Adolfo Suárez se reunió con el primer ministro Callaghan, tras la muerte de Franco, suscitó el asunto de Gibraltar y el primer ministro le dijo que en Gran Bretaña tenemos el dicho de que se cazan más moscas con miel que con vinagre. Creo que si durante los últimos 25 años hubiera habido un enfoque de menos confrontación, quizás la historia de Gibraltar sería hoy diferente. Yo viví en Suiza en los tiempos en que hubo muchos problemas en la frontera con Francia, pero al cabo de pocos años franceses y suizos dejaron de criticarse, la frontera se abrió, los suizos compraron casas en Francia, los franceses fueron a trabajar a Suiza y las dos comunidades llegaron a vivir juntas. Esa es mi visión de lo que espero que ocurra [con Gibraltar] en los próximos 25 o 30 años.

P. La ministra de Exteriores, Ana Palacio, dijo el pasado jueves que el Gobierno hará todo lo posible por llegar a un acuerdo de soberanía compartida sobre Gibraltar antes de un año. ¿Le parece poco realista?

R. Creo que Madrid y Londres tienen temas más importantes que tratar. Tenemos que lograr que la Convención para la Constitución europea sea un éxito, que se logre también con éxito desarrollar una nueva relación entre Europa y Estados Unidos basada en una asociación efectiva, que el crecimiento económico se convierta en una prioridad europea... Tengo muchas dudas de que la gente de Gibraltar vaya a apoyar un cambio importante en su estatuto antes de que pase un largo periodo de relaciones muy calmadas y amistosas con España. No creo que eso ocurra antes de que llegue mi sucesor, o incluso varios sucesores. Tenemos gran respeto y estamos siempre abiertos a conversaciones con Madrid, pero dudo de que en estos tiempos se pueda esperar seriamente que la cuestión de Gibraltar pueda volver a la mesa negociadora con la esperanza de obtener resultados positivos.

P. El llamado Proceso de Bruselas se encuentra en suspenso. ¿Quiere decir que no considera la posibilidad de reanimarlo?

R. El Proceso de Bruselas es un compromiso que Thatcher cerró con los españoles hace 20 años. Tuvimos negociaciones muy intensas, pero no se logró un resultado satisfactorio, y hay que enfrentarse a la realidad política de que la gente de Gibraltar siente su identidad británica con tanta fuerza como la gente de Ceuta y Melilla siente su identidad española.

P. Hace un año, el Reino Unidos estaba dispuesto a firmar al menos una declaración de intenciones de compartir con España la soberanía sobre Gibraltar, aunque la rechazaran los gibraltareños. ¿Se mantiene esa posición?

R. Una vez más, mi opinión es que, en la Europa democrática moderna, hacer cosas sin el consentimiento democrático de la gente es muy peligroso.

P. El primer ministro Tony Blair dijo hace un año que, en cualquier solución, la base militar tendría que seguir siendo cien por cien de soberanía británica. ¿Es una posición inamovible?

R. Sí. Es importante, porque Gran Bretaña es junto con Francia la única potencia europea que acepta plenas responsabilidades militares que van mucho más allá de la defensa de su territorio o del contexto europeo. Tenemos bases soberanas en Chipre y en otras partes del mundo, y creo que si Europa quiere ser una superpotencia a nivel mundial, es importante que Francia y Gran Bretaña mantengan sus bases militares en distintas partes del mundo, incluida la base militar de Gibraltar.

P. Todo esto implica que la oferta de acuerdo sobre Gibraltar que Londres planteó hace un año ha sido retirada, ¿no?

R. Ocurrió que no fue posible llegar a un acuerdo satisfactorio. Creo que fue un año positivo, ya que permitió a Londres y Madrid examinar con gran profundidad todas sus diferencias, pero ya no vivimos en el siglo XVIII o XIX, cuando los diplomáticos podían firmar tratados y los pueblos tenían que obedecerlos. Vivimos en un mundo de ciudadanos modernos, donde cualquiera tiene el derecho democrático de expresar su punto de vista y, para los ciudadanos y el Parlamento británico, las posibilidades de lograr un acuerdo que no sea aceptado por los gibraltareños son simplemente cero. Creo que es honesto decir esto, porque tengo afecto por España, me gusta este país, creo que hicimos un buen trabajo juntos, pero llevo demasiado tiempo en política como para gastar mi tiempo golpeando mi cabeza contra un muro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de junio de 2003