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Fontcuberta recrea la vida de los balleneros en Canadá

El fotógrafo vuelve a plantear en 'La isla de los vascos' la verosimilitud del género documental

Joan Fontcuberta (Barcelona, 1955) descubrió hace dos años la Isla de los Vascos, un enclave quebequés en el estuario del río San Lorenzo, que recibe su nombre de los balleneros vascos que arribaban a sus costas en el siglo XVI. A partir de ese momento, el fotógrafo catalán comenzó a preparar una exposición en la que, como en otros trabajos suyos, compaginó la investigación documental con la pura intervención artística. Ahora, el Artium presenta el resultado en una muestra que se podrá visitar hasta el próximo 21 de septiembre.

Joan Fontcuberta prosigue en La isla de los vascos su tarea de disección de la verosimilitud y de la credibilidad, con la revisión crítica del discurso documental. Ayer mismo lo confirmó en la presentación de la exposición: "Las informaciones nunca aparecen desnudas; a mí me preocupa cómo se transmiten los mensajes, que hay que situar en su contexto".

Éste ha sido el eje de su última obra, lo que se puede comprobar en el vestíbulo de la sala en donde se presentan muestras de sus trabajos previos como las series Herbarium, Fauna, Constelaciones o Sirenas. En todas ellas subyace una referencia a la realidad (el estudio de la Botánica, de la Biología, de la Astronomía o de la Paleontología), desde la que Fontcuberta crea montajes ficticios, pero verosímiles.

Supone un aperitivo excelente para mantener la incertidumbre de los visitantes a La isla de los vascos, donde, por primera vez en la carrera de Fontcuberta, todo es real, o casi. La historia de la Isla de los Vascos es cierta, como bien se puede comprobar en el museo sobre la aventura vasca en América, abierto en las cercanías de la isla. Numerosos barcos balleneros acudieron hasta la costa canadiense a principios del siglo XVI en busca de fortuna con todos los riesgos que ello contraía. Hay constancia de que más de 3.000 pescadores procedentes del País Vasco llegaron a faenar en esa zona.

Así lo tratan de corroborar las muestras documentales escritas y mobiliarias que se presentan como complemento de las imágenes del autor catalán. Otra cosa son estas 55 fotografías: aquí el visitante tendrá que descubrir la veracidad que haya en las recreaciones de la vida y trabajos de aquellos pioneros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de junio de 2003