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Entrevista:WIM WENDERS | Director de cine

"El 'blues' transmite desolación"

En su última película, The soul of a man, el cineasta alemán Wim Wenders (Düsseldorf, 1945) rinde homenaje a tres legendarios músicos de blues: Skip James, Blind Willie Johnson y J. B. Lenoir. Se trata de la cuarta de un proyecto de siete películas, producidas por Martin Scorsese, que entrarán en las tripas de esta música fundamental del siglo XX con el título genérico de The blues. Este proyecto contará además con filmes de Mike Figgis, Charles Burnett, Clint Eastwood, Marc Levin, Richard Pearce y el propio Scorsese. The soul of a

man, escrita y dirigida por Wenders, se proyectó en el Festival de Cannes clausurado el domingo. En ella, el cineasta incluye fotografías y entrevistas, recrea los años veinte y treinta del siglo XX y cuenta también con imágenes de Alvin Youngblood Hart, Cassandra Wilson, Bonnie Raitt, Nick Cave and the Bad Seeds, Beck y Lou Reed.

"Cuando una persona convierte el 'blues' en lo que da sentido a su vida, gana en aplomo"

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Pregunta. En su película, las imágenes de una sonda espacial Voyager tienen como banda sonora un tema de Blind Willie Johnson. ¿Será el blues la primera música de la tierra que escucharán otras civilizaciones?

Respuesta. El blues sería una magnífica carta de presentación porque es un tipo de música que trata de manera muy elemental de lo difícil que le resulta a uno hacerse con las riendas de su vida aquí en la tierra. Como es natural, en el disco que recorre veloz el espacio a bordo de la Voyager y que pronto llegará a los confines de nuestro sistema solar, también hay piezas de Bach o Beethoven, pero el blues es capaz de transmitir de manera mucho más intensa el espíritu vital de nuestra época. No ha quedado encerrado en el sur de Estados Unidos, el lugar donde surgió, sino que se ha difundido por todo el planeta y se ha convertido en el punto de partida del desarrollo de las corrientes musicales más diversas, desde el rock & roll al rap. Es una música que entiende todo el mundo.

P. ¿Porque describe el mundo desde abajo, desde la perspectiva de los más desfavorecidos?

R. Creo que sí. En sus orígenes, era la música de los pobres, de los que carecían de privilegios sociales. Es inútil buscar el más mínimo rastro del sueño americano en las canciones de los tres músicos de blues que retrato en mi película: Johnson, Skip James y J. B. Lenoir. Durante el rodaje de The soul of a man, viajamos por la región del Misisipí, donde esta música hunde sus raíces, y nos hemos sentido transportados de repente al Tercer Mundo. El blues habla de toda esa desolación y por eso supone un correctivo importante de la imagen que transmiten, por ejemplo, la mayoría de las películas hechas en Estados Unidos.

P. ¿Es por eso por lo que en su película se ha esforzado tanto en revivir con precisión la época de la depresión estadounidense en la que Johnson se veía obligado a ganarse la vida como músico callejero?

R. Siempre me ha fascinado esa época. En aquel entonces, a finales de los años veinte y comienzos de los treinta, en el momento en que se produjo la crisis económica, se hicieron también algunos trabajos fotográficos enormemente significativos. No tenemos más que pensar en las imágenes captadas por Walker Evans, que documentó minuciosamente la vida en el sur de Estados Unidos. Pero la depresión no es un periodo de tiempo que concluya en un momento concreto. En el sur de Estados Unidos constituye un estado permanente, casi natural; el sustrato perfecto para que surja una música como el blues.

P. Los tres grandes del blues a los que dedica su película no fueron precisamente hombres de suerte. Sin embargo, Lenoir, del que muestra imágenes documentales de los años sesenta, irradia una admirable serenidad interior. ¿El blues sosiega el espíritu?

R. Creo que cuando una persona convierte este género de música en lo que da sentido a su vida gana en aplomo. A J. B. Lenoir le fue

francamente mal en muchas ocasiones a lo largo de su vida, pero, por lo que yo sé, era un hombre extraordinariamente paciente y equilibrado. Quizá también era consciente -como Skip James- de que había logrado crear algo que le sobreviviría y que sería descubierto más tarde. Entonces, uno es capaz de encontrar su propio equilibrio interior, incluso aunque esté inmerso en una vida muy turbulenta. Todo el que vive para este tipo de música se transforma en una persona diferente. El blues se mete en los genes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 27 de mayo de 2003