El Premio Manuel de Irujo reconoce la comprometida trayectoria de Bandrés

"Su intervención en el adiós a las armas fue determinante y requirió de mucho diálogo", recordó ayer el consejero de Justicia, Joseba Azkarraga, en el acto de entrega del segundo Premio Manuel de Irujo 2003, que otorga su departamento, al abogado y político donostiarra Juan María Bandrés. Reconocía así Azkarraga, entre otros méritos, la decisiva intervención de Bandrés en el difícil proceso de autodisolución de ETA Político-Militar en 1981, a la vez que recordó que en toda su trayectoria vital y profesional el diálogo "ha sido la fórmula de Juan Mari: la palabra que siempre ha utilizado con pasión, convicción y certeza, aunque la haya tenido que pronunciar en soledad".

El galardón al ex presidente de Euskadiko Ezkerra premia, además, una trayectoria dedicada a la defensa de la justicia y de los derechos humanos que, en su caso, comenzó como abogado defensor de los presos políticos durante la dictadura, siguió como diputado en el Congreso y senador comprometido, antes de ser presidente del CEAR (Comité Español de Ayuda al Refugiado). En 1997, fue víctima de una enfermedad que le mantiene en silencio. Hoy se da la trágica circunstancia de que, pese a su enfermedad, Bandrés se encuentra amenazado por ETA y se ve obligado a llevar escolta. Dada su situación, Bandrés no acudió a recoger el premio, que entregó el lehendakari, Juan José Ibarretxe, a su esposa, Pepa Bengoechea.

Compartió el galardón Amnistía International por su trayectoria en defensa de los derechos humanos, que fue recogido por su presidente en España, Andrés Krakenberger.

Ibarretxe reconoció el trabajo de los dos galardonados para resolver conflictos y recalcó que hacen falta voces como las suyas para avanzar en el proceso de alcanzar la paz en la sociedad vasca y en el mundo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0014, 14 de mayo de 2003.