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Tribuna:DEBATE | El reto de las nuevas enfermedades infecciosas

Salto de virus entre especies

La reciente aparición en China de la neumonía atípica asiática -que ha causado hasta ya en todo el mundo 290 muertes y afecta a 4.831 personas- supone la última muestra de una serie de nuevas enfermedades infecciosas, surgidas en las últimas décadas, que eran antes desconocidas en el hombre. Éstas, como el sida o la enfermedad de las vacas locas, junto con las demás enfermedades infecciosas, siguen produciendo una importante mortalidad en el mundo. En esta página se analizan, a la luz del caso de la neumonía atípica asiática, las características de estas epidemias.

A pesar de los avances en biología molecular y en las nuevas biotecnologías durante los últimos 50 años, las enfermedades infecciosas siguen siendo una de las causas más importantes de mortalidad, sobre todo en países en vías de desarrollo. Algunas enfermedades, como la viruela, han sido erradicadas, mientras que otras están en vías de erradicación, como la poliomielitis o el sarampión. Sin embargo, muchas otras, como la tuberculosis, la malaria o las infecciones gastrointestinales, siguen produciendo una enorme mortalidad. A esta situación preocupante se ha añadido en las últimas décadas la aparición de enfermedades infecciosas previamente desconocidas en el hombre: sida, enfermedades debidas a priones (encefalopatías espongiformes, enfermedad de las vacas locas), fiebres hemorrágicas producidas por virus Ébola o Hantavirus, etcétera. A esta lista hemos de sumar ahora el "síndrome respiratorio agudo y severo" (SARS), aparecido recientemente en China por la infección con un coronavirus hasta ahora desconocido.

Es necesario un sistema de alerta temprana que detecte la aparición de nuevas infecciones

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¿A qué se debe esta emergencia de nuevas infecciones? En todos los casos descritos es evidente una invasión por el hombre de nuevos nichos ecológicos, bien por ocupación de nuevos espacios o por establecimiento de nuevas interacciones con otras especies. La inclusión de despojos de ovejas afectadas por scrapie o tembladera en la alimentación del ganado bovino en Gran Bretaña originó la enfermedad de las vacas locas, y posteriormente a su versión humana. Por otra parte, el consumo de carne de chimpancé en África central permitió el paso del virus de la inmunodeficiencia de esta especie al hombre y la aparición del sida. El surgimiento del SARS no es más que otro ejemplo similar. La escasa información disponible hasta el momento sobre el coronavirus causante del SARS es compatible con su existencia previa en la naturaleza como agente infeccioso de un animal todavía por determinar. El contacto con animales infectados por el virus del SARS es la causa más probable de su salto al hombre en el sur de China y su expansión posterior por el mundo. Además de las alteraciones ecológicas inducidas por el hombre, la emergencia de nuevas infecciones se debe a la enorme diversidad y capacidad de variación de los virus, especialmente los que contienen ARN como material genético. Los miles de millones de virus presentes en un individuo infectado no tienen idéntica información genética, sino que son siempre ligeramente diferentes entre sí. Ello permite que algunos puedan infectar especies distintas del huésped normal y pasar, por ejemplo, al hombre. El salto de virus entre especies es un suceso infrecuente, tanto más cuanto más alejadas estén las especies en la evolución. Es por ello que los virus de otros primates son los candidatos más probables, aunque no los únicos, para saltar a la especie humana.

Los saltos de virus gripales de otras especies al hombre son los mejor estudiados. Además de las epidemias anuales, estos virus producen ocasionalmente pandemias que afectan a toda la población mundial, la mayor de las cuales ocurrió en 1918 y originó 20-40 millones de muertes. Los virus gripales pandémicos contienen una mezcla de genes, algunos normales en los virus humanos y otros nuevos que proceden de virus gripales que infectan persistentemente aves silvestres. Estas mezclas se deben a que cada gen de un virus gripal reside en una molécula de ARN independiente. Cuando un individuo es infectado por dos virus diferentes, uno humano y otro aviar, se producen virus descendientes con genes de ambos, que llamamos virus recombinantes. Algunos virus recombinantes pueden ocasionar pandemias porque la población humana no está inmune frente a ellos. Además, se han descrito recientemente saltos directos al hombre de virus gripales altamente patogénicos que infectan pollos, sin que exista recombinación con virus humanos. El primero de estos episodios ocurrió en Hong Kong en 1997 y ocasionó 16 casos en humanos, de los que casi la mitad murieron. A diferencia de la reciente epidemia de SARS, el virus de la gripe del pollo no se transmitió entre humanos, pero se han descrito desde entonces varios episodios similares, el último de los cuales causó un muerto en Holanda hace unos días. Por tanto, actualmente existe claro peligro de aparición de un nuevo virus gripal pandémico.

¿Es posible prevenir o atenuar las consecuencias de los nuevas infecciones? La enfermedad de las vacas locas es un ejemplo evidente de que evitar las alteraciones ecológicas debe ser la primera medida de precaución. En segundo lugar, es necesario un sistema de alerta temprana que detecte la aparición de nuevas infecciones lo antes posible. En este sentido, la tardanza del Gobierno chino en informar sobre la aparición del SARS desde noviembre de 2002 hasta su difusión a Hong Kong ha sido responsable de su diseminación por ese país y su expansión a nivel mundial. Por último, hay que estar prevenidos para poder prevenir eficazmente nuevas infecciones, es decir, hay que dotarse del mayor nivel de conocimiento posible sobre la biología básica de los virus que infectan animales (no sólamente al hombre) para poder reaccionar adecuadamente en la preparación de vacunas y la búsqueda de compuestos antivirales. Aunque hasta ahora los coronavirus no causaban enfermedades importantes en el hombre, nuestro conocimiento de su biología ha aumentado mucho en las últimas décadas; en España, gracias al grupo de Luis Enjuanes, se dispone de instrumentos para acelerar la preparación de vacunas frente al SARS. De todos modos, la comprobación de que una nueva vacuna es segura y eficaz llevará de meses a años, y hasta entonces resulta imperativo evitar la diseminación del virus, sobre todo hacia los países menos desarrollados, para evitar su expansión explosiva en la humanidad.

Juan Ortín es miembro del Departamento de Biología Molecular y Celular. Centro Nacional de Biotecnología (CSIC). Campus de Cantoblanco. Madrid.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 27 de abril de 2003