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Tribuna:CIRCUITO CIENTÍFICO

Los olvidados del ADN

Hace 50 años, el 25 de abril de 1953, la revista Nature publicaba un trabajo de James Watson y Francis Crick que describía la estructura de la molécula de la herencia, el ADN. Su estructura, de inmediato, sugirió el modo por el cual esta molécula se reproducía para pasar de padres a hijos y espoleó la investigación en biología y medicina de una manera extraordinaria. Puede decirse, sin exagerar, que la historia de la humanidad podrá dividirse en dos etapas: la anterior a la estructura del ADN y la posterior. Acabamos de empezar la segunda etapa; nos ha llevado ya lejos, pero es pronto para saber hasta dónde nos llevará.

Watson y Crick recibieron el premio Nobel. Sin embargo, otros investigadores que habían trabajado duro y habían contribuido con sus datos a este descubrimiento son héroes olvidados de la historia, y a ellos quiero brevemente referirme.

Una de las olvidadas es Rosalind Franklin, que obtuvo los datos de difracción de rayos X que Watson y Crick, sin que ella lo supiera, utilizaron para deducir la estructura del ADN. La muerte prematura de esta investigadora la privó de compartir el premio Nobel con Watson, Crick y Maurice Wilkins, el otro cristalógrafo que contribuyó a este trabajo.

Pero los olvidos se produjeron antes de que Watson y Crick comenzaran sus trabajos. Comienzan con el que fue el descubrimiento más importante del siglo pasado, que inició la biología molecular y posibilitó el trabajo de Watson y Crick, a pesar de lo cual ni siquiera lo refirieron en su publicación. Se trata del descubrimiento de que el ácido desoxirribonucleico, el ADN, es la molécula portadora de la información genética.

Desde que los trabajos del monje austriaco Gregorio Mendel establecieron las leyes de la herencia, surgió la pregunta de qué constituyentes de los seres vivos eran los portadores de la información genética. A partir de 1910, el equipo del estadounidense Thomas Morgan, estudiando la mosca del vinagre, descubre que el material genético se encuentra en los cromosomas.

Se determinó que los constituyentes principales de los cromosomas eran proteínas y ADN. Había pues que averiguar cuál de los dos componentes es la causa de que los padres se parezcan a los hijos. El estudio de la composición de las proteínas, formadas por la unión de veinte aminoácidos, y del ADN, compuesto por la unión de cuatro moléculas, sugirió que, por su enorme variedad, las proteínas debían ser las portadoras de la información genética.

Oswald Avery, Colin McLeod y Maclyb McCarty, del Instituto Rockefeller en Nueva York, se propusieron confirmarlo. Aislando proteínas y ADN de extractos celulares en un sistema de herencia bacteriana, estos investigadores establecieron, en 1943, que el ADN, y no las proteínas era la molécula de la herencia. La carrera para determinar su estructura había comenzado. Había que averiguar cómo esta molécula podía reproducirse a sí misma, lo que en efecto quedó claro al conocerse su estructura.

Los tres investigadores citados (McCarty aún vive), nunca recibieron el premio Nobel por este trabajo. Una prueba más de que, por desgracia, la justicia no es perfecta en el mundo, ni siquiera en el mundo de la ciencia.

Jorge Laborda. Facultad de Medicina.Universidad de Castilla-La Mancha.

Un artículo escrito para Nature por McCarty puede consultarse en /www.nature.com/nature/dna50/.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 23 de abril de 2003