Manifestaciones masivas y llamadas a la 'yihad' desde Túnez a Teherán
Cientos de miles de musulmanes corean "Irak es el nuevo Vietnam" y "Muerte a EE UU"
Eran decenas de miles, estaban airados y se desgañitaron contra EE UU, Reino Unido e Israel. Comenzaron al término de la oración del viernes en la mezquita de Al Azhar, en el corazón histórico de El Cairo, y siguieron haciéndolo durante dos horas en las calles de los alrededores. El "Alá Uakbar" ("Dios es el más grande") que gritaron incansables iba dirigido contra Bush. "Estados Unidos puede tener la mayor potencia militar de la historia, pero Dios es aún más grande", había dicho el jeque Mohamed Sayed Tantawi en su sermón en Al Azhar.
Estas decenas de miles de cairotas no fueron los únicos árabes y musulmanes que expresaron ayer su cólera por la guerra de Irak. En Túnez, Beirut, Trípoli, Gaza, Nablús, Ammán, Bahrein, Estambul, Teherán y otras ciudades también se produjeron masivas manifestaciones tras las plegarias en las mezquitas. En la de Teherán, en la que participó medio millón de personas, según Al Yazira, se comparó a Bush con Hitler; en la de Ammán, que arrancó en la mezquita Al Kaluti, se identificó a Bush con el israelí Sharon; en la de Estambul se quemaron banderas norteamericanas y británicas; en la palestina Nablús fue una imagen de Bush la que ardió; en Gaza, Bahrein y la ciudad libanesa de Trípoli se coreó "Viva Irak" y "Muerte a América". También en El Cairo.
La protesta cairota había sido regateada laboriosamente por los organizadores y el régimen de Mubarak. Se trataba de evitar incidentes violentos como los ocurridos una semana atrás. La Cofradía de los Hermanos Musulmanes -la principal fuerza detrás de la manifestación, que encabezaba su líder, Mohamed Al Hudaibi- desplegó un impresionante servicio de orden: cientos de muchachos con cintas negras ciñendo sus frentes. A fuerza de forcejeos continuos con los manifestantes, que siempre querían ir más lejos y soñaban con asaltar las embajadas estadounidense y británica, y con la policía, que tenía desplegados miles de agentes y deseaba poner pronto término a la marcha, este servicio de orden consiguió que la sangre no llegara al río.
En las pancartas Bush era presentado como un vampiro desangrando a un niño iraquí o como un pirata pisoteando el mundo. En inglés y árabe podía leerse en las banderolas: "Parad la matanza", "No a la guerra" e "Irak es el nuevo Vietnam". Una, curiosamente en castellano, rezaba: "Bush, terrorista número uno en el mundo". Pero la imagen más destacada, una repetida en cientos de carteles impresos, era la que instaba a los árabes y musulmanes a boicotear los productos estadounidenses.
Los hombres iban delante en filas y grupos desorganizados; las mujeres, detrás, todas con velos cubriendo sus cabellos y en perfectas falanges. Unos y otras estaban muy enfadados. Gritaban contra EE UU, Reino Unido e Israel; coreaban "Bagdad árabe" y "Jerusalén árabe" y puntuaban esas consignas políticas con lemas islámicos como "Dios es el más grande".
Estos lemas, no obstante, también tenían ayer una dimensión política. Los cientos de miles de personas que se manifestaron ayer en el mundo árabe y musulmán lo hicieron con el espíritu de la yihad, la guerra santa defensiva contra la cruzada angloamericana, a la que habían llamado muchos de los oradores de las plegarias del viernes. "El Irak musulmán está siendo destrozado por una guerra salvaje", dijo el imam Salen Bin Hamid en un sermón televisado desde la mezquita de La Meca, la más sagrada del islam. En Kuwait, el predicador shií Haj Saleh Jawhar denunció los "sufrimientos del pueblo iraquí en una guerra ilegal y pecaminosa". En la mezquita cairota de Al Azhar, el moderado Tantawi proclamó que los musulmanes tienen "el deber" de "resistir la injusta agresión contra Irak". Y en Beirut, el jeque Mohamed Husein Fadlalah, líder de los shiíes libaneses, tradicionales enemigos del régimen de Sadam Husein, condenó las "matanzas norteamericanas en Bagdad, Basora, Nasiriya y Nayaf".

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