Reportaje:

Un alquimista en el siglo XXI

Granada tiene la única escuela de espagiria de España, el arte de curar originario de Egipto

Cuatro o cinco mil años de antigüedad. Ése es el tiempo que hace que el hombre conoce la medicina espagírica, el arte de curar originario del antiguo Egipto. El conocimiento pasó de Egipto a Al Andalus y de ahí, al olvido. En la era de las nuevas tecnologías de la información, en pleno siglo XXI, ha aparecido de nuevo. El único proyecto que intenta recuperar y hacer progresar esta forma de medicina en España se lleva a cabo en Granada, de la mano del maestro espagírico, Yabir Abu Omar. La espagiria es, en realidad, poco conocida por este nombre. Algo más familiar puede resultar otra denominación, la de alquimia.

El proyecto puesto en marcha hace algunos años por Yabir Abu Omar consta de dos secciones: la educativa y la empresarial. En la primera, se ofrecen cursos tanto de medicina espagírica como de otras ciencias tradicionales. La parte empresarial del proyecto gira en torno a un laboratorio donde se producen tinturas, bálsamos y sahumerios de acuerdo a la manera en la que se hacía hace siglos.

Este tipo de medicina tiene un origen común con una que está de moda, la homeopatía

Es el caso del bálsamo de Saturno, una untura que ya se usaba en el siglo XV y sobre la que Yabir alaba sus cualidades para los dolores musculares. Pero además de mirar al pasado y leer e interpretar tratados de hace cientos de años, Yabir actualiza lo estudiado. De ahí que el catálogo de su laboratorio incluya productos inventados ahora creados con técnicas tradicionales.

Frente a la medicina de fármacos, la espagiria trabaja con las "fuerzas vivas de la naturaleza", básicamente, plantas y minerales. Este tipo de medicina tiene un origen común con una medicina muy de moda en la actualidad, como es la homeopatía.

De hecho, explica Yabir, la homeopatía es una reducción que se hizo en el siglo XVIII de las teorías de Paracelso, quien dos siglos antes había reunido en un importante cuerpo literario toda la teoría de la espagiria. De todos modos, esta forma alquímica es bastante más radical. Por ejemplo, explica Yabir, "también hacemos uso de la luz, las estrellas, los colores..."

El laboratorio de Abir está inundado de tinturas, esencias, flores, alambiques y hornos. Allí, por ejemplo, se producen las almásigas, unos remedios confeccionados con la tintura de una planta y las cenizas sobrantes de la elaboración de esa tintura.

Estas almásigas sirven para curar. Según Yabir, dependiendo del mal, se escribe con uno de estos tintes el nombre del paciente y unos versos del corán sobre un papel. Este papel se pone sobre un vaso ancho sobre el que se vertía suero de leche que arrastraba la tinta al interior. El paciente debe ingerir entonces el líquido. El núcleo del asunto es que el buen maestro espagírico habría elegido bien el texto de modo que se trate de la dosis exacta.

Curiosidades del paso de los siglos, Yabir cuenta como él ha visto en la Alpujarras a algún pastor escribir con "un bolígrafo de cinco duros el nombre del enfermo sobre un papel, lo ha mojado con una infusión de hierbas de allí y se lo ha dado a beber al paciente".

Entre los líquidos que aparecen destilados en el laboratorio alquímico de Yabir no sólo los hay procedentes de vegetales. Tintura de oro, plata y bronce son productos esenciales a la espagiria y a la alquimia.

Por algún motivo, con el tiempo, la alquimia quedó reducido a la ciencia que buscaba, a veces con elementos mágicos, obtener oro a partir de otros metales vulgares. Es cierto, en el origen, que el oro y los metales preciosos ocupaban un lugar en los laboratorios espagíricos, pero no eran el producto final, sino uno de las materias primas para fabricar remedios. Hoy, Yabir produce elixires de estos metales, aunque no los comercializa porque las autoridades sanitarias no lo permiten.

Aunque la mayoría de las fuentes de la espagiria, cuenta Yabir, proceden de Al Andalus, no es en Andalucía donde más éxito tienen sus enseñanzas. Médicos, farmacéuticos, biólogos o terapeutas acuden a sus cursos de espagiria, de fabricación de almásigas y sahumerios, de cromoterapia (uso de la luz en esta medicina) o de tatuajes curativos de plantas medicinales. Pero donde más éxito tienen, dicen, es en el País Vasco y en Mallorca. En la Universidad del País Vasco tuvo la oportunidad de participar como ponente en un curso de posgrado.

El rocío de la mañana

Uno de los productos más preciados y necesarios con los que se trabaja en un laboratorio espagírico es el rocío de la mañana, un elemento que no está a la venta en ningún almacén. Por ello, cada primavera, en noches en las que la luna se mueve de creciente a plenilunio, Yabir sale al campo con sus colaboradores a recoger el rocío. Armados con fregonas (limpias de productos químicos gracias al agua de lluvia) y garrafas de cristal, dedican algunas noches a recoger el rocío en un paraje granadino conocido como la Alfaguara.

Una buena recolección la tuvieron hace dos años, cuando recogieron casi trescientos kilos de rocío. A cambio, tuvieron que responder ante una pareja de guardias civiles qué hacían de esa guisa, a esa hora, en ese lugar. La importancia del rocío, un líquido con color de té, ligeramente amarillo que se ha de guardar en frascos de cristal perfectamente tapados para que no reciban luz, radica en sus sales que contienen, según Yabir, el "espíritu universal".

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 08 de marzo de 2003.

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