Columna
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Antidoping

"El pueblo parará la guerra" ha declarado alguien, tal vez el mismo autor del lema el pueblo unido jamás será vencido, de no pasarán o de la primavera ha venido, yo no sé cómo ha sido. El Parlamento turco ha dicho no a la guerra, igual que la Liga Árabe y el Papa de Roma. A pesar de ser ateo convicto y confeso, en dos ocasiones me he aliado con el Papa: con motivo de la guerra del Golfo y ahora. En la primera, un ex comunista, introductor de Althusser en España, me acusó de ser uno de esos rojos capaces de aliarse con el Papa para conseguir sus propósitos. Lo dijo con encono, con carga emocional de abjuración a lo Piqué, ni siquiera con irónica nostalgia a lo Pilar del Castillo.

Volvemos a estar el Papa y yo juntos, cada vez más acompañados de gentes contrarias a la posible guerra, incluso en Estados Unidos, donde existe una de las vanguardias de sociedad civil progresista mejor articuladas. Entre los libros condenatorios de la matanza de iraquíes, leo La sospecha de Isabel Pisano, donde se supone un cierto vínculo entre Monica Levinsky y la guerra de Irak, vínculo por debajo de la cintura del presidente Clinton y de la historia. El sistema necesitaba abrir cauces entre la cámara oval de la Casa Blanca y un definitivo reajuste de zonas de dominación o de influencia para compañías como la Harken Energy Corporation, que tuvo en Bush hijo a uno de sus asesores, o la Chevron, con la belicosa Condoleezza Rice como valedora. El actual presidente de EE UU tuvo conexiones profesionales con el Carlylke Group, industria armamentista pura y dura, y el responsable de Defensa Rumsfeld representó al complejo occidental de intereses paralelos.

Será negocio destruir Irak, reconstruirlo y ocuparlo. Tan conmovido está Aznar ante esta perspectiva que aparece como un lúgubre belicista hiperactivo, capaz de dar la vuelta al mundo en ocho horas y hablar con acento inglés en las conferencias de prensa compartidas con Bush. En el PP no se atreven a pedirle explicaciones, ni a darle un valium o valeriana, ni a ponerle psiquiatra de cámara, ni a aplicarle un control antidoping. Pero a este hombre le pasa algo y necesita un urgente tratamiento desintoxicador. Hemos de ayudarle casi tanto como a Joan Gaspart.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 02 de marzo de 2003.