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Tribuna:COYUNTURA INTERNACIONAL

Sincronía y divergencia

Cuando los economistas y políticos hablan de la convergencia real se refieren a la equiparación internacional de determinadas variables macroeconómicas fundamentales a la hora de establecer medidas de bienestar económico en diferentes países. Estas variables, de forma muy esquemática, se agrupan en diferentes familias: las relativas a la renta per cápita (sin olvidar la distribución de esa renta y el nivel de precios); las relacionadas con la tasa de ocupación y de desempleo, y aquéllas con un contenido social (servicios públicos, infraestructuras, salud, educación...).

Nótese que para avanzar en la convergencia es necesario que los países menos desarrollados crezcan más rápido que los más desarrollados, y esto, en general, sólo es posible si los países desarrollados crecen (si hacen de locomotoras de la economía mundial). De ahí que una condición previa a la convergencia es que exista cierta sincronía en el ciclo económico.

La situación actual es de una gran sincronía cíclica, pero desgraciadamente en el sentido opuesto al necesario para avanzar en la convergencia real: la economía mundial está prácticamente estancada. Los países más desarrollados no crecen y, en estas condiciones, resulta mucho más difícil que lo hagan los menos desarrollados. Analicemos brevemente el crecimiento económico que han registrado los principales bloques económicos en el cuarto trimestre del año 2002 e intentemos extrapolar las consecuencias sobre el conjunto de la actividad mundial.

De entre las principales economías mundiales la que más ha crecido en el cuarto trimestre del año es, sorprendentemente, Japón. El producto interior bruto japonés creció un 0,5% trimestral en términos reales, tasa que resulta muy escasa si tenemos en cuenta que esta economía lleva estancada prácticamente 10 años. Estados Unidos ha crecido en este mismo cuarto trimestre un 0,4%, mientras que el área euro se estima que lo hizo a una tasa del 0,2%. La principal economía europea, la de Alemania, no creció en este periodo, y nuestro país lo hizo a una tasa del 0,3%.

Resulta obvio que tasas de crecimiento de los países desarrollados en el rango 0,0%-0,4% trimestral no son suficientes para favorecer un crecimiento significativo y sostenido en los menos desarrollados, lo que necesariamente se traduce en divergencia real.

David Cano y Enrique Sánchez del Villar son socios de Analistas Financieros Internacionales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de marzo de 2003