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Reportaje:

¿Ajuste de cuentas o de plantilla?

La Fundación San Pablo-CEU niega que el despido de 63 docentes se deba a un "giro ideológico"

Giro ideológico", caza de brujas" y "ajuste de cuentas", como dice buena parte de los profesores despedidos. O solamente un ajuste de plantillas por causa de la decreciente demografía universitaria. La Fundación Universitaria San Pablo-CEU explicó el viernes pasado que el despido de 63 de sus profesores se ha debido a "criterios puramente académicos, en ningún caso por razones de naturaleza ideológica". Pero buena parte de los docentes despedidos desmiente esa tesis. En su apoyo, ponen sobre la mesa múltiples sentencias judiciales a su favor, unas ya firmes y otras recurridas por los responsable de la fundación, además de una larga lista de denuncias y escritos de queja.

El primer síntoma de "giro ideológico" tuvo un protagonista de excepción, hace dos años: la destitución del rector de la Universidad San Pablo-CEU en Madrid, José Tomás Rega, "por "discrepancias sobre la vida universitaria" con sus patronos, según sus propias declaraciones (EL PAÍS, 15/06/2002). Rega, nombrado más tarde por el Gobierno secretario general del Consejo de Coordinación Universitaria, saltó del cargo por discrepancias sobre la personalidad jurídica que pretendía para el centro, pero ya entonces se apreciaba un giro en la gestión del profesorado.

Los "usos vigentes"

La Fundación Universitaria San Pablo-CEU, obra de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP), no niega que en 2002 "ha tenido que proceder a la extinción de un total de 63 contratos" a docentes de los centros de Madrid, Barcelona y Valencia. Pero matiza que esa cifra "no supera el 2,9% sobre su personal, por lo que no puede ser considerada significativa por la tendencia normal de una plantilla en conformidad con los usos vigentes al efecto".

La fundación universitaria explica, además, que "la inmensa mayoría de las extinciones de contrato se han debido a factores externos" [disminución de alumnos por "la demografía"], aunque inmediatamente informa, en el mismo comunicado, de que "durante el curso 2001-2002 se ha producido un incremento de 1.300 alumnos en centros de nuestra institución". Los despidos, añade la institución, se han realizado de "manera pactada" o "como bajas incentivadas". "La selección del [nuevo] profesorado se ha realizado por criterios puramente académicos y en ningún caso por razones de naturaleza ideológica", concluye.

Los datos que oponen algunos de los profesores despedidos van en la dirección contraria. Han sido sustituidos por otros docentes (es decir: no se ha amortizado su puesto de trabajo); y los pleitos judiciales e incluso los despidos pactados dejan al descubierto "una caza de brujas". El exponente de ese giro lo subraya el desmantelamiento del Departamento de Cultura y Fe, del que "han salido" nueve sacerdotes de "espíritu taranconiano" [en referencia al cardenal Vicente Enrique y Tarancón], para sustituirlos por miembros del Opus Dei, Comunión y Liberación o Legionarios de Cristo. Entre los despedidos están el jesuita Javier Martínez Cortés, el dominico José Parra y los también sacerdotes Gonzalo Tejerina, Jaime Marchesi, Javier Ruiz de Arcaute y Agustín del Agua.

Este "giro integrista" en la dirección eclesiástica de una institución de propagandistas católicos se subraya, según los despedidos, con el nombramiento del teólogo Alfonso Carrasco Rouco como consiliario diocesano de la ACdP en Madrid. Carrasco es sobrino carnal del cardenal Antonio María Rouco, arzobispo de Madrid y uno de los patronos de la Fundación San Pablo-CEU.

Otro síntoma del "involución integrista que produce este ajuste de cuentas disfrazado de ajuste de plantillas", según dos portavoces del sector minoritario del comité de empresa, lo refleja el decanato de Humanidades y Ciencias de la Comunicación, asumido por Luis Eugenio Togores, "también de clara línea azul".

Ajetreada salida del armario

Sin complejos, como si se tratara de una "salida del armario". Así quiere a los católicos españoles Alfonso Coronel de Palma, el joven presidente de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP). Fundada en 1908 por el jesuita Ángel Ayala, la ACdP ya experimentó la emoción política con Ángel Herrera Oria, su primer presidente, y con gran estrépito durante la II República. A cambio de domesticarse, el dictador Franco hizo a Herrera, un cura tardío, nada menos que cardenal arzobispo de Málaga. La recuperación de aquella actitud militante, como si se tratara de un partido político, es el origen, según los docentes despedidos, del ajuste de cuentas que se está produciendo en la Fundación San Pablo-CEU, apéndice educativo de la ACdP. Cuestión de eficacia, pero también de disciplina.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 17 de febrero de 2003

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