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Reportaje:

Diálogo en Madrid

Nacionalistas y no nacionalistas reflexionan sobre la situación política vasca en un debate del Foro Deusto

La situación política del País Vasco es grave, está bloqueada y tiene una difícil salida en estos momentos. Ésta fue una de las principales conclusiones del debate que el Foro Deusto convocó el pasado lunes por la noche en Madrid sobre la convivencia en Euskadi y en el que sentó a la misma mesa a José Ramón Recalde, ex consejero socialista del Gobierno vasco; Alberto Oliart, ex ministro de Educación, Sanidad y Defensa de los gobiernos de UCD; Juan Antonio Ortega y Díaz-Ambrona, ex ministro adjunto de la Presidencia y de Educación, también con la UCD; Javier Elzo, catedrático de Sociología de la Universidad de Deusto, y Francisco Garmendia, ex secretario de Política Lingüística del Gobierno vasco con Carlos Garaikoetxea y profesor en Deusto. El periodista de la SER Iñaki Gabilondo actuó como moderador. En primera fila se sentó el ex lehendakari y actual presidente de Euskaltel José Antonio Ardanza y entre el público figuarban representantes socialistas como Jesús Caldera, Juan José Laborda o Javier Rojo, así como varios intelectuales residentes en la capital.

Los participantes coincidieron en que antes de un año no hay posibilidad de avance en la cuestión vasca

La situación de bloqueo en Euskadi se reflejó en las propias posiciones de los ponentes. Garmendia y Elzo se alinearon en posiciones nacionalistas, mientras que Recalde, Oliart y Ortega lo hicieron en las tesis no nacionalistas sin que allí se vislumbrara un punto fácil de encuentro. "Tampoco se pretendía sacar de este debate unas conclusiones definidas. Bastaba con celebrarlo", señaló uno de los organizadores del Foro Deusto.

A la hora de definir la responsabilidad del bloqueo político, Recalde y Oliart la centraron en los gobiernos nacionalistas vascos tras romper el PNV y Eusko Alkartasuna el pacto estatutario de 1979 y alinearse con Batasuna y ETA en el Pacto de Lizarra. Garmendia, sin embargo, atribuyó la responsabilidad del bloqueo "al error de lo gobiernos centrales por no distinguir la normalización política de la pacificación democrática". Y precisó que a los dos años de la puesta en marcha del Estatuto de Gernika su bloqueo por el Gobierno central ya lo había puesto en crisis. Elzo repartió responsabilidades y Ortega y Díaz-Ambrona apuntó que el problema vasco se centraba en el "encaje de identidades colectivas".

Ortega fue más tajante, sin embargo, al pronunciarse sobre el plan soberanista del actual lehendakari, Juan José Ibarretxe, que definió como un "órdago lamentable" por su "unilateralidad". Recalde señaló que esta reivindicación nacionalista "agrava los conflictos", mientras que Oliart sostuvo que Euskadi está acercándose a un enfrentamiento fraticida. Sin embargo, Elzo estimó que el plan de Ibarretxe encaja en el texto de la Constitución, mientras que Garmendia cree que "no es una herejía antidemocrática".

Tampoco hubo coincidencia respecto a las salidas al problema. Para Garmendia está claro que "hay que buscar nuevas categorías para problemas nuevos" y situó la solución en el terreno "principios éticos". Elzo, mientras, opinó que la salida está en Europa sin abandonar la referencia del Estatuto de Gernika. Tanto Recalde como Oliart siguen viendo en el Estatuto el punto de encuentro que une a la inmensa mayoría de la sociedad vasca y desde el que hay que partir para ecnontrar cualquier salida a la situación. Oliart apuntó los artículos 147, 148 y 150 de la Constitución (los relativos a los estatutos de las comunidades autónomas, las competencias de éstas y la posibilidad de que el Estado les transfiera otras de titularidad estatal) como instrumentos válidos para un cambio. Mientras, Recalde aprovechó para descalificar el plan Ibarretxe por proponer un cambio desde la denuncia al Estatuto y reclamó a los gobernantes nacionalistas "coherencia" porque "no se puede rechazar aquello en lo que están basadas las propias instituciones que gobiernan".

El plan Ardanza como una posible salida también sobrevoló en el debate. Ortega y Díaz-Ambrona lo recordó y definió: la solución al problema vasco pasa por el reconocimiento por todas las partes de la existencia de un conflicto que se abordará tras el cese definitivo de la violencia. Elzo también apuntó este plan como una posible opción. Oliart y Recalde no se definieron sobre el mismo, aunque sí aceptaron una parte de él: que la violencia condiciona en Euskadi el debate político en la medida en que los no nacionalistas se sienten amenazados por ella.

El debate supo a poco a la mayoría de los asistentes en la medida en que abarcó en muy poco tiempo una cuestión muy compleja. Sin embargo, todos coincidieron, incluidos los participantes en el debate, en que es necesario multiplicar actuaciones de este tipo ante la ausencia absoluta de diálogo entre las instituciones estatales y vascas, así como entre nacionalistas y no nacionalistas. Los propios intervinientes en el debate estimaron que antes de un año no hay ninguna posibilidad política de avance en la cuestión vasca ante la catarata de elecciones que empiezan en mayo próximo y terminarán en marzo de 2004.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 29 de enero de 2003