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Reportaje:

La religión, cada vez más un objeto de consumo

Un estudio revela que los jóvenes se apartan cada vez más del catolicismo y se interesan por creencias orientales

Aún es tiempo de Navidad, pero ¿qué queda de las celebraciones religiosas de estas fechas? Parece que poco, al menos para los más jóvenes. Consumiendo religión, un estudio publicado por la Fundación La Caixa y premio Doctor Rogeli Duocastella de Ciencias Sociales de este año, revela pinceladas que apuntan que la juventud se aparta cada día más del catolicismo, mientras que crece su interés por nuevas y viejas formas de espiritualidad basadas en creencias orientales. Parafraseando al historiador rumano Mircea Eliade cuando afirma que "la desaparición de las religiones no implica en modo alguno la desaparición de la religiosidad", los sociólogos María del Mar Griera y Ferran Urgell han elaborado una encuesta entre 250 jóvenes de 16 a 18 años de Sabadell para estudiar el ímpetu de las nuevas creencias basadas en el ying y el yang, la unión del cuerpo y de la mente, y el retorno a la naturaleza.

El 71% de los padres de los encuestados se declaran católicos, frente al 47% de los hijos

Compran mercancías foráneas para alejarse de este mundo, que consideran enfermo

Los resultados del trabajo revelan, por ejemplo, que el 30% de los jóvenes encuestados creen en la reencarnación, que casi el 54% afirma que el estado de ánimo influye en la superación de enfermedades graves, que más del 78% opina que todas las religiones hablan en el fondo de lo mismo y que el 60% considera que es mejor consumir medicamentos naturales que químicos. "Se trata de una nueva clasificación de la realidad, que asimila lo considerado artificial como malo, problemático y destructivo, frente a lo natural, que es visto como bueno, curativo y saludable", señalan los autores, quienes interpretan que estas nuevas creencias penetran en la sociedad a través de las grandes industrias culturales y por los medios de comunicación, que las suavizan y familiarizan.

"Buscamos el sentido y la salvación a través del mercado, que se convierte en un gran escaparate de bálsamos que apaciguan la ansiedad, y de este modo el individuo no se cuestiona el sistema y todo el mundo se adapta", señalan Griera y Urgell. Como el personaje de Woody Allen en la película Hanna y sus hermanas que decide hacerse católico y en una escena del filme llega a su casa con una bolsa de la compra que contiene un crucifijo, una biblia, un enorme bote de mayonesa Hellman's y un pan de molde, los autores del estudio afirman que "la mercantilización de los productos con connotaciones religiosas lleva a la esfera profana algo que pertenece al ámbito de lo sagrado". Así, algunos jóvenes compran libros firmados por el Dalai Lama, hacen tai-chi en centros cívicos, llevan el signo del ying y el yang en camisetas o pendientes, y acuden a sesiones de chamanes, lo que los dos sociólogos interpretan como "un desprecio que se concreta en la sociedad occidental contemporánea", en la que consumen productos de procedencia lejana "para desintoxicarse de ese mundo contaminado y enfermo". Según los autores, ciertos jóvenes mantienen un rechazo intencionado y consciente de esta sociedad y su religión institucionalizada, la católica, mientras que glorifican lo que proviene del otro extremo del mundo.

Para Urgell y Griera, hay una paulatina disminución de fieles y aumentan la indiferencia religiosa y la pérdida de vocaciones. "Hoy en día uno puede definirse como catalán, presentador de televisión progresista o seguidor del Barça, pero en todo caso resulta un poco exótico presentarse como católico o protestante", afirman. Pero el sentimiento religioso sigue ahí: la encuesta señala que la premisa de que las religiones pertenecen al pasado obtuvo una respuesta negativa de más del 65%. Según el estudio, el 71% de los padres de los encuestados son católicos, frente al 47% de los jóvenes. El 20,8% se considera ateo, el 18% se muestra indiferente y el 9% contestó con frases como "yo tengo una religión que es la mía". El 2,8% restante se sitúa en otras posiciones y el 1% no contestó.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 30 de diciembre de 2002