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EL NAUFRAGIO DEL PETROLERO 'PRESTIGE'

El petrolero naufragado deja una gran mancha de fuel frente a Galicia

El petrolero navega con su propia máquina hacia alta mar escoltado por remolcadores y helicópteros

Los servicios de salvamento marítimo lograron ayer frenar la deriva del petrolero Prestige, cargado con 77.000 toneladas de fuel, después de casi veinte horas de lucha contra las malas condiciones del mar y contra la resistencia del capitán a que el buque fuese remolcado. El Prestige, que a primera hora de la mañana sembró la alarma en varias localidades de la Costa da Morte (A Coruña) al acercarse a sólo tres millas de tierra, navegaba anoche hacia alta mar con su propia máquina dejando una mancha de fuel de 37 kilómetros de largo.

El petrolero iba escoltado anoche por remolcadores y helicópteros. La Administración se negó tajantemente a acoger al buque en un puerto español y esperaba dejarlo la pasada madrugada a 120 millas al oeste de Galicia (222 kilómetros).

'La situación sigue siendo crítica, pero mucho más favorable', sentenció a última hora de la tarde el delegado del Gobierno en Galicia, Arsenio Fernández de Mesa, tras vivir un día de mucha tensión por las dificultades para enganchar el barco a los remolcadores y arrancar de nuevo sus máquinas. Mientras el petrolero se alejaba hacia alta mar, detrás quedaba una mancha de unas 3.000 toneladas de fuel, que acabó dividiéndose en dos brazos, ambos situados a sólo cinco millas de tierra, enfrente de los cabos Vilano y Touriñán. Los pescadores de la zona temen que el fuel derramado alcance hoy la costa si los vientos no le hacen cambiar de dirección. Las autoridades, sin embargo, son más optimistas, aunque tienen preparadas barreras de contención con una longitud total de 8 kilómetros y disponen también de 14 equipos de bombeo para desplegarlos en cuanto el fuel amenace la costa. Un avión del Servicio de Vigilancia Aduanera controla la trayectoria del fuel, que antes de bifurcarse había llegado a formar una mancha de 200 metros de ancho y 37 kilómetros de largo.

Un sobresalto recorrió a primera hora de ayer la localidad marinera de Muxía cuando los vecinos echaron el primer vistazo del día por la ventana. En el horizonte, a unas tres millas de la costa, se oteaba la amenazante silueta del Prestige, de 243 metros de eslora, rodeado de tres remolcadores y otras tres embarcaciones de salvamento. Los marineros de Muxía ya se habían acostado con cierta preocupación tras conocer que el petrolero, con bandera de Bahamas y propiedad de una compañía armadora griega, estaba a la deriva a 28 millas de la costa al abrirse una fisura en el casco producto de lo que técnicamente se conoce como fatiga, es decir, el desgaste material de un buque muy castigado por 26 años en el mar. La grieta afectó a dos de los tanques de combustible.

Durante la noche se vivió una situación 'extremadamente complicada', según la calificó el delegado del Gobierno. En medio de olas de 8 a 9 metros y vientos de fuerza 9, los remolcadores llegaron a efectuar hasta 16 intentos de enganchar el petrolero, que sufría una escora de unos 50 grados. En todas las ocasiones se rompieron las guías, cabos de un grosor manejable que van unidos a las estachas, las amarras de calibre suficiente para permitir asegurar un barco. Además de las pésimas condiciones del mar, los equipos de rescate tuvieron que luchar contra la actitud de los tres tripulantes que permanecían a bordo, el capitán, el primer oficial y el jefe de máquinas, a quienes Fernández de Mesa acusó de 'falta de colaboración y entorpecimiento de las labores de remolque'.

Ante esa actitud, el director general de la Marina Mercante, José Luis López Sors, desplazado a Galicia para participar en el gabinete de crisis creado en la Delegación del Gobierno, ordenó el reembarque de cuatro de los 24 tripulantes, de nacionalidades filipina y rumana, que habían sido evacuados el día anterior. López Sors dio instrucciones a los marineros para que intentasen arrancar la máquina del Prestige. Al mismo tiempo, se ordenó a una fragata de la Armada que acudiese a las inmediaciones del petrolero como signo de advertencia. Los oficiales que permanecían a bordo habían señalado en un primer momento que la sala de máquinas estaba incendiada, lo que resultó no ser cierto, para evitar que el buque fuese trasladado a alta mar.

Además de los cuatro marineros, a bordo del Prestige también embarcaron técnicos de la capitanía marítima de A Coruña, que fueron quienes lograron arrancar los motores a primera hora de la tarde de ayer. La situación había mejorado desde las 12,40 horas, cuando los servicios de salvamento lograran al fin afianzar el remolque. A la velocidad que mantenía al cierre de esta edición, se confiaba en que el petrolero alcanzase alta mar de madrugada. En sus negociaciones con los armadores, las autoridades les advirtieron taxativamente de que no iban a aceptar el buque en ningún puerto español, ni siquiera que permaneciese a menos de 120 millas de tierra. Los propietarios del Prestige comunicaron su disposición a contratar los servicios de una compañía holandesa de seguridad para hacerse cargo del buque como tripulación de refresco y a la que correspondería estudiar el modo de recuperar o trasvasar el fuel. Las autoridades estaban dispuestas a abandonar el remolque del Prestige en cuanto llegasen los técnicos holandeses.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 15 de noviembre de 2002