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Tribuna:EL RETO DE LA CALIDAD Y LA COMPETENCIA

La joya de Almería: su Universidad

Deliberadamente aprovecho esta estación de calma, lejos de las turbulencias electorales y, por tanto, lejos de intereses miopes para reflexionar con todos los almerienses sobre su universidad.

Primero, unos datos. La Universidad de Almería (UAL) tiene un presupuesto de 56 millones de euros (unos 9.300 millones de nuestras extintas pesetas) y una plantilla de 1.153 trabajadores. Quiere esto decir que la UAL es, probablemente, la empresa más importante de nuestra provincia desde el punto de vista económico. Sin olvidar su papel formador en enseñanza superior. Nótese el impacto económico, no sólo de su plantilla de trabajadores, sino de sus cerca de 14.000 estudiantes. Con sólo estos datos queda claro que la UAL es económica y socialmente para Almería mucho más que Fontaneda para Aguilar de Campoo.

Digo esto porque los paisanos de Aguilar de Campoo han luchado con denuedo por su empresa. Empero, desgraciadamente, no todos los almerienses, ni siquiera los propios trabajadores de la UAL, son conscientes de la importancia de su universidad porque permiten que se ataque y degrade la imagen de su 'empresa' poniendo en riesgo su futuro. ¿Qué sería de Almería si cerraran su universidad? (Algún político insensato, me cuentan, parece pensar que, con una política de becas correcta, sobraría la UAL. Con los datos en la mano, ¿defiende los intereses de Almería ese político?).

Lo cierto es que, de manera reiterada, coincidiendo siempre con periodos electorales en la UAL, se magnifican los problemas propios de un organismo tan grande, regodeándose los más en denostar a una universidad que, de acuerdo con cualquier indicador objetivo (capacidad investigadora, crecimiento en puestos de estudiante, empleo de los graduados, biblioteca, número y proporción de doctores...), no ha cesado de mejorar. Quiero decir, en suma, que sin haber razones objetivas para denostar a nuestra universidad, y existiendo una abrumadora evidencia de su importancia capital para nuestra provincia, resulta desolador el espectáculo periódico con que muchos se engolfan desacreditando a la UAL.

Los dirigentes provinciales de los partidos políticos democráticos, en especial, debieran reflexionar sobre qué papel deben de jugar con la UAL, si la pretensión estúpida de convertir la universidad en terreno de disputa política, o la apuesta estratégica por una institución de capital importancia para el futuro de la provincia. Pero también los responsables de medios públicos de comunicación solventes (dejemos al margen los irrecuperables libelos) creo que deberían reflexionar sobre cómo enfocar los conflictos inevitables de una empresa como la UAL, si como fuente de amarillismo para ayudar a 'su candidato', o exponiendo escrupulosamente los puntos de vista en conflicto sin entrar en tomas de partido.

Al mismo tiempo que digo esto, he de reconocer que los que ostentan responsabilidades políticas de gestión, desde el presidente de la Junta de Andalucía al alcalde de Almería, desde la consejera de Educación y Ciencia al presidente de la Diputación Provincial, pasando por el concejal de Urbanismo, el profesor de nuestra universidad, Diego Cervantes, todos ellos, han demostrado con sus palabras y sus hechos, su apoyo a la UAL -que no es el apoyo a los que actualmente gestionamos la institución, sino su apuesta por una institución estratégica en el desarrollo de la provincia de Almería-. Probablemente, los que viven más apegados a la realidad, tratando con la resolución de problemas concretos de los ciudadanos, están más capacitados para apreciar la importancia de la UAL como institución por encima de sus actuales o futuros gestores.

No se puede soslayar la actitud imprudente, casi suicida, de los que, desde dentro de la propia universidad, sacrifican el prestigio tan laboriosamente ganado, en aras a unos pírricos y futuros réditos electorales. Nunca, como en este caso, me pareció tan acomodado el refrán de que la ropa sucia de casa se lava dentro de casa. Y eso, cuando hay ropa sucia que lavar porque, las más de las veces, no hay sino imaginación creativa. (Estoy pensando en las patrañas sobre el rechazo empresarial a nuestros licenciados, evacuadas por un catedrático de nuestra propia universidad, para más inri, docente de esos propios licenciados.)

La universidad española, y, por tanto, la de Almería, enfrenta ahora el reto de la calidad y la competencia. La LOU, entre otros aspectos, establece la evaluación de la calidad desde el ámbito individual (el profesor), hasta el de la institución (la universidad), pasando por el de las titulaciones (las carreras). Cuando, en breve, se desarrolle el sistema de evaluación y todos sean evaluados en la universidad española, la sociedad española, a la que servimos, dispondrá del acabado retrato de nuestra situación. Veremos entonces dónde estamos cada uno. Entre tanto, no lastremos a nuestra joven universidad. Guardémosla como nuestro bien más preciado.

Diego López Alonso, vicerrector de Investigación y Desarrollo Tecnológico

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 2 de noviembre de 2002