Afganistán, cuando a la ausencia de guerra lo llaman paz

'La noche temática' disecciona el conflicto en La 2 de TVE

Escribe Imre Kertész, premio Nobel de Literatura, que no se puede sentir la libertad en el mismo lugar donde uno se ha sentido esclavo. En Afganistán, la paz es mera ausencia de guerra en un terreno inhóspito y destruido por décadas de lucha y fanatismo. La noche temática (23.20, La 2) dedica cinco reportajes a diseccionar la reciente historia de un país olvidado, que tras el 11-S se convirtió en el centro del universo.

A veces es así: un conflicto demasiado lejano se pone de moda y miles de reportajes inundan los medios de comunicación colapsando la realidad. Como si se tratara de un Gran Hermano universal, telespectadores y lectores comparten biografías extrañas e impensables. Pero esa eclosión de informaciones no garantiza la verdad. A veces, el tiempo reposa las emociones y da sentido a las imágenes. Y allí es cuando la buena televisión -que cuando emerge es imbatible en su lenguaje total- puede pasear el ojo de la cámara como un narrador omnisciente que va y viene desvelando esos motores que explican los porqués.

La noche temática ha seleccionado, bajo el título 'Afganistán: tiempos de paz', cinco reportajes de la siempre prestigiosa cadena ARTE para ayudar en este empeño de comprensión. El primero, Kabul, el renacer de una ciudad, de 45 minutos, tiene dos protagonistas, el arquitecto afgano Abdulá Breshna y el ministro de Reconstrucción, Amin Farhang. A través de sus puntos de vista nos conduce por un laberinto de proyectos imposibles y necesarios que se topan con la frontera del dinero: promesas internacionales que nunca cuajan o que llegan despaciosamente.

El regreso de los Siha

El segundo, Afganistán, el regreso, de 25 minutos, se centra en la familia Siha, en su retorno del exilio, en sus esperanzas ante un país mudado: amigos, pérdidas, descubrimientos... todo en un caleidoscopio de sentimientos sin sello de garantía. Los Siha son ese Afganistán exterior, modelado en campos de refugio, y que pugna por otra vida, la que imaginaron a través de los relatos extranjeros de tierras inaccesibles, en las que el dolor es ausencia de superabundancia.

Afganistán, ¿un Estado imposible?, el tercero, de 53 minutos, es necesario para asimilar una historia maltratada por el destino y por los hombres: un paseo documental por los años recientes de un no-país convulsionado en guerras de clanes y desafectos, abismado entre la tradición y las fuerzas más o menos modernizadoras, y que ha visto cómo la derrota caía siempre en el bando de los inocentes.

El cuarto se dedica a los jóvenes, a sus quimeras; a las mujeres que se alzan la burka y muestran la expresión prohibida. Trata de esos veinteañeros para los que la ilusión tiene tanto recorrido vital que cultiva la paciencia. El quinto, Kabul, el gusto por la libertad, es otro buceo excepcional por el pasado, por la independencia. Los cinco son un regalo de planos y voces, un tránsito pausado por la cárcel del Nobel Kertész, donde libertad y esclavitud tienen un solo rostro.

Una imagen reciente de las calles de Kabul.
Una imagen reciente de las calles de Kabul.ASSOCIATED PRESS

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 19 de octubre de 2002.

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