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ELECCIONES EN ALEMANIA

Una larga noche electoral no apta para cardiacos

Y sucedió lo que muchos expertos de los institutos de opinión, periodistas y políticos temían desde hace semanas: una noche electoral en la que las horas pasaban y pasaban sin que se pudiese determinar con certeza quién gobernaría de ahora en adelante Alemania. Ya en la tarde, el nerviosismo era palpable en el Reichstag, la sede del Parlamento alemán, desde la que cerca de 3.000 profesionales de la comunicación, entre periodistas, camarógrafos y técnicos, debían informar sobre la más reñida de las elecciones que se recuerdan en este país. De entre las puertas de vidrio de los estu-dios de las grandes cadenas de televisión, cada una de las cuales había contratado los servicios de un instituto de opinión, algún dato alcanzó a filtrarse, sobre el avance de Los Verdes, que ningún sondeo había previsto.

A las seis de la tarde, las proyecciones a pie de urna, que suelen ser bastante exactas en este país, no dejaban nada en claro: las primeras estimaciones dieron como leve vencedor al SPD, pero apenas una hora después los presentadores de los programas de televisión ya daban otra noticia, la de la supuesta mayoría entre conservadores y liberales. Con una sonrisa de oreja a oreja, Stoiber alcanzó a saltar a la palestra para dar por zanjado el asunto.

Una hora más tarde, las pantallas constataban un nuevo viraje, basado en las proyecciones de los primeros resultados parciales: de repente, el SPD y Los Verdes estaban de nuevo al frente. A la vez, uno de los líderes de la Unión Social Cristiana, Michael Glos, en una de tantas entrevistas transmitidas anoche, reconoció por primera vez lo que se perfilaba como una derrota conservadora. Nadie se atrevía a poner la mano en el fuego: la distribución de los escaños en el Bundestag es tan complicada que un resultado definitivo ni siquiera era claro en las primeras horas de la madrugada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de septiembre de 2002