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Reportaje:

Los reservas del PP pasan a primera línea

Los nuevos ministros se rodean de altos cargos con experiencia y que han trabajado en la sombra

Dentro de poco sus nombres resultarán familiares. Son los nuevos secretarios de Estado, los altos cargos en los que se van a apoyar los nuevos ministros nombrados por Aznar. La mayoría asegura que no pertenece a ninguna familia política dentro del PP. Sólo algunos señalan su adscripción al sector más liberal del partido. Pero todos han acumulado experiencia en cargos ejercidos en la sombra. A partir de ahora, cuando se produzcan noticias en la lucha antiterrorista, se adopten medidas en la política sobre inmigración o cada vez que surjan novedades en las relaciones con Marruecos los nombres de Ignacio Astarloa, Ignacio González, Ramón Gil-Casares, Alfredo Timermans o Julio Gómez Pomares saltarán a primera línea. Dentro de poco sus nombres resultarán familiares. Son los nuevos secretarios de Estado, los altos cargos en los que se van a apoyar los nuevos ministros nombrados por Aznar. La mayoría asegura que no pertenece a ninguna familia política dentro del PP. Sólo algunos señalan su adscripción al sector más liberal del partido. Pero todos han acumulado experiencia en cargos ejercidos en la sombra. A partir de ahora, cuando se produzcan noticias en la lucha antiterrorista, se adopten medidas en la política sobre inmigración o cada vez que surjan novedades en las relaciones con Marruecos los nombres de Ignacio Astarloa, Ignacio González, Ramón Gil-Casares, Alfredo Timermans o Julio Gómez Pomares saltarán a primera línea.

Llevan cerca de los focos muchos años, pero nunca les daba la luz. Algunos manejaban presupuestos de billones de pesetas; otros tenían acceso a informaciones reservadas sólo para los hombres más allegados al presidente del Gobierno. Pero la mayoría tenía órdenes precisas de no aparecer nunca en una foto. Ahora les toca dar la cara. Son los nuevos secretarios de Estado. Y tienen que demostrar que valen tanto como sus jefes han dicho en estos años que valían.

Uno de los más inaccesibles para los periodistas es el recién nombrado secretario de Estado de Seguridad, el jurista madrileño de 47 años Ignacio Astarloa, licenciado en derecho por la Universidad bilbaína de Deusto, hijo de padre vizcaíno, madre navarra y letrado mayor del Parlamento vasco entre 1985 y 1987. 'Dudo mucho de que en tu periódico haya alguna foto mía', comentaba hace varios meses Astarloa, cuando era subsecretario de Justicia y en el PP tenía fama de llevar en la cabeza la Ley de Partidos, ya que fue uno de los que la gestó. Su gran mentor era y es el entonces ministro de Justicia y ahora de Interior, Ángel Acebes.

El secretario de Estado de Exteriores estudió en el mismo colegio que José María Aznar

Como secretrario de Estado de Seguridad, será la primera persona a quien despierten los jefes de la Policía y de la Guardia Civil cada vez que haya un atentado o se geste alguna operación importante.

A Ignacio Astarloa, un buen jugador de mus, serio y socarrón, sigue sin gustarle las cámaras y ha pedido al gabinete de prensa que lo liberen de conceder entrevistas hasta que domine los temas de Interior. 'Muchos viernes lo ves salir del ministerio', comenta uno de sus colaboradores, 'con una maleta gris Sansonite, de esas pequeñas que se cogen para ir de vacaciones. Lo que pasa es que Astarloa la lleva siempre cargada de informes y documentos que se trae estudiados tras el fin de semana'.

Otro de los que más veces saldrá en prensa, le guste o no, será el nuevo secretario de Estado para la Inmigración, Jaime Ignacio González, abogado madrileño de 42 años, funcionario del Ayuntamiento de Madrid, sustituto de Enrique Fernández-Miranda. Su amiga y mentora en la política es Esperanza Aguirre, presidenta del Senado y ex teniente de alcalde del Ayuntamiento de Madrid, que es donde se conocieron.

¿Se notará el cambio en Inmigración? Ya se ha notado, a tenor de lo que comentan sus colaboradores. Y se remiten a la información con que este periódico abría su primera página el pasado viernes: 'Interior envía inmigrantes en aviones militares de Canarias a la Península'.

'Esa noticia era algo que más o menos se sabía. Pero cuando EL PAÍS nos llamó el jueves para confirmarla, el nuevo secretario de Estado para la Inmigración no tuvo inconveniente en que se reconociera el hecho de que el Gobierno estaba trasladando a los extranjeros desde Canarias a Murcia, Valencia y Barcelona. La primera medida para tratar de resolver los problemas es reconocer su existencia. Y eso hicimos'.

En apenas una semana, con el despacho aún lleno de cajas por el traslado, González, el nuevo secretario de Estado para la Inmigración, ya se ha entrevistado con representantes de UGT, CC OO, empresarios, Cruz Roja, los jefes de la Policía y de la Guardia Civil, los secretarios de Estado o directores generales de Empleo, Comercio y Exteriores. 'Yo sé que voy a depender mucho de lo que se coopere conmigo desde otros organismos. Y por eso trato de buscar la mayor cooperación. El problema de las pateras, por ejemplo: no es una cuestión de inmigración estrictamente, porque todos sabemos que depende de otros factores, que pueden ser las negociaciones pesqueras con Marruecos, la cuestión de Perejil...'.

El otro importante nombramiento de Interior se conoció el pasado viernes. El alcalde de Ávila, Agustín Díaz de Mera, de 55 años, pasa a ser el nuevo director general de la Policía. Es licenciado en Historia Moderna y Contemporánea, gran conversador y prolífico contando chistes; un rasgo, este último, que contrasta con la adustez y sobriedad de su jefe directo, el recién nombrado secretario de Seguridad, Ignacio Astarloa.

A unos diez metros de los principales despachos del Ministerio del Interior se encuentra el del nuevo secretario de Estado de Administraciones Públicas, Julio Gómez-Pomar, de 45 años. En 1996, como director del Instituto Nacional de la Seguridad Social, gestionaba una plantilla de 13.000 funcionarios y un presupuesto de ocho billones de pesetas. Después, en la dirección de la Tesorería de la Seguridad Social, los funcionarios a su cargo eran 16.000 y el presupuesto, 16 billones de pesetas. Cuando se le pregunta por sus objetivos ahora, en el ministerio de su amigo, mentor y jefe, Javier Arenas, recuerda una anécdota de sus tiempos de estudiante en Estados Unidos: 'Nos llevaron a los estudiantes a visitar la oficina de Correos de Boston. Y recuerdo que le preguntamos al director cuáles eran sus objetivos. Y no nos contestó con ninguna abstracción. Nos dijo: 'Quiero que el 98% de la correspondencia se despache en un día'. Y ése es mi principal objetivo aquí: modernizar la calidad de la atención al ciudadano'.

El principal objetivo del nuevo secretario de Estado de Asuntos Exteriores, Ramón Gil Casares, de 48 años, es aún más concreto e inmediato: mejorar las relaciones con Marruecos. 'Es un país al que le tengo mucho cariño. Aprendí a leer en Tetuán, porque mi padre era diplomático y estaba destinado allí'.

Gil Casares estudió en el mismo colegio que Aznar hasta los 14 años. Cuando lo llamaron a Nueva York desde La Moncloa hace seis años para incorporarse al Gobierno eran las cuatro de la mañana y llevaba cinco años trabajando allí como diplomático.

'Desde entonces he aprendido muchísimo en Moncloa. He estado en conversaciones del más alto nivel entre Aznar y muchos primeros ministros, pero siempre estuve en la sombra. Yo tenía órdenes muy precisas por parte de Carlos Aragonés [jefe de gabinete del presidente] de no aparecer nunca en ninguna parte.

Ahora le toca dejarse ver.

El jefe de gabinete huye de los focos

Nadie, excepto Ana Botella, ha pasado tanto tiempo como él junto al presidente del Gobierno en los últimos años. Nadie en el Gobierno ha logrado acaparar tanta información desde la sombra y mantenerse tan alejado de los periodistas. Se llama Carlos Aragonés, y es el jefe de gabinete del presidente, lo que se conoce como jefe mayor de los fontaneros, los técnicos de confianza de José María Aznar. En 1987, cuando Aznar se marchó de Madrid como candidato a la presidencia de Castilla y León, Aragonés le acompañó como jefe de su gabinete. Desde entonces no ha dejado de despachar a diario con él.

Aragonés tiene un marcado perfil liberal, que se contrapone con el perfil democristiano de gente como Javier Arenas, el secretario general del PP y ministro de Administraciones Públicas.

En 1993 participó en la creación de la FAES, la Fundación para el Análisis y Estudios Sociales. 'No sólo no quiero aparecer, tampoco quiero que se note que ha hablado conmigo'. Ésa es una frase que muchos miembros de la FAES han empleado cuando se trata de hablar de esa Fundación o de Carlos Aragonés.

Año tras año, los colaboradores de la FAES han ido encontrando buenos puestos en el Gobierno de Aznar. La última reforma del Gobierno no podía ser una excepción. Los dos principales colaboradores de Aragonés en La Moncloa, Ramón Gil Casares y Alfredo Timermans, han sido nombrados secretarios de Estado de Exteriores y de Comunicación, respectivamente.

Timermans conoció a Aragonés cuando estudiaba Derecho en la Universidad Complutense. En La Moncloa, Timermans era el hombre más accesible del gabinete del presidente, el que comentaba a los periodistas el mensaje implícito en los discursos de Aznar. Y Aragonés era el referente en la sombra, el hombre influyente.

Con esa ascendencia sobre Aznar, ¿cómo es que Carlos Aragonés nunca, ni siquiera ahora, ha sido agraciado con un ministerio? 'Yo creo que Carlos [Aragonés] nunca se ha propuesto ser ministro. Ésa puede ser la razón', explica Alfredo Timermans.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 28 de julio de 2002

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