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Crítica:POESÍA

A la inmensa minoría

Premio Nacional de las Letras y de la Crítica, el abulense José Jiménez Lozano expresa en Elegías menores lucidez y delicadeza. El ensayista, narrador y poeta despliega una poesía honda contra la fugacidad del tiempo.

'For four people', para cuatro personas, confesaba escribir el recluido Pound, y lo lamentaba por el resto del mundo que las desconocía; otro inquilino de sanatorios -aunque por razones diferentes-, Juan Ramón Jiménez, dirigía su obra a la inmensa minoría. Al ensayista, ahondador de la historia, buceador de las luces abisales de la mística, y poeta, José Jiménez Lozano (Langa, Ávila, 1930), cuatro le parece multitud: 'No podría / yo escribir para tantos, y tampoco / conoce a mi gente el mundo. / O poor world, I am sorry!', declara en el poema que, a modo de atrio, da paso a Elegías menores, quinto de sus libros de poesía, tras Tantas devastaciones, Un fulgor tan breve, El tiempo de Eurídice y Pájaros.

ELEGÍAS MENORES

José Jiménez Lozano Pre-Textos. Valencia, 2002 208 páginas. 14 euros

Los lirios del campo y las aves del cielo, con referencia evangélica y trasluz de Kierkegaard, titula el autor la primera de las secciones y por ella desfilan los meses, las estaciones, los animales (aves, sobre todo), las plantas... o lo inefable, lo incorpóreo: sombras, enigmas. Reverberación del ser y la naturaleza. En Memorias, la segunda, esta potencia del alma es visitada por los dioses, los celos, los libros... y por presencias: Paolo Ucello, las Brontë, Pilato, Keats... Recuerdo, palimpsesto de la historia. El ángel exterminador, la duda y la súplica, la bíblica zarza, pueblan Silencio y oraciones, título explícito -aunque la transparencia de la escritura de Jiménez Lozano es poliédrica-, Jueves Santo, amanecer de Pascua... muerte y esperanza trenzadas como árbol y yedra. Fina punta del alma concluye el volumen, y la ausencia y el adiós cierran los ojos -con el Cántico espiritual de fondo- de páginas que proyectan su sombra más allá de lo tangible: 'Enciende la candela, y mira / cuán extensa es la sombra / de este pequeño libro. / La llama te revela / lo que no está ahí escrito, / la parte del silencio. / Este adentro / sólo lo muestran las candelas'.

Elegías menores es un libro recogido en la privacidad del espíritu y desde él morosa y amorosamente escrito. Lo cruza el suave disparo de la poesía oriental y su belleza destilada, flota en él una estela grecolatina, y en el recogimiento franciscano queda espacio para la -menos afortunada- ironía. Hay, sí, lugares comunes, mas aventado el grano (que es abundante y maduro), dejada la harija volar con el aire (vuele también algún laísmo), zarandeado el cedazo (algo que se echa en falta), nos lega hondura y delicadeza, emoción y belleza. Lucidez. Poesía en la que es celebración el existir, poesía contra la palabra fugaz, contra el decir feble, en busca de una permanencia no desconchada por el paso del tiempo (ese abril y sus lilas destruidas que nos perfuma de Eliot). En Elegías menores, Jiménez Lozano (premio Nacional de las Letras españolas, de Castilla y León y de la Crítica) nos deja poemas tan hermosos como Esperanza: 'Caudal de niebla desgarrado, mi esperanza / colgando de un árbol seco; / si helase, / se bordaría como una blonda'. Tan delicados como Ocaso: 'Un pájaro posado en una rama / con cristales de escarcha, / sol caído y rojo. / Lámpara japonesa / encendida en su ausencia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 27 de julio de 2002

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