Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
CARTAS AL DIRECTOR

Alarma

Playa de San Juan, Alicante

Me resulta imposible disimular mi indignación ante la noticia aparecida en este diario acerca de la aprobación por el Gobierno estadounidense del uso de un sonar para barcos militares que emite frecuencias capaces de destruir los tímpanos de las ballenas y los delfines, llevándolos al suicidio colectivo.

Se evidencia, una vez más, el más absoluto e insultante desprecio al ecosistema del planeta, amén de manifestar un nulo alcance de visión a la hora de vislumbrar las nefastas consecuencias que, a buen seguro, ocurrirán si este sistema de detección acaba por generalizarse en la flota militar norteamericana (la más itinerante de todo el mundo). Belicismo y ansia por reafirmarse prevalecen una vez más sobre el respeto a la madre naturaleza, todo ello sin olvidar los importantes beneficios económicos que a la industria armamentística reportaría un contrato de instalación del sonar en cuestión.

Ante tamaño despropósito, cualquier tipo de adjetivación se queda corta para calificar una enormidad de semejante índole. No me resta más que lanzar una advertencia: si consentimos ir aniquilando de forma paulatina a los seres más inteligentes de los mares, provocaríamos una hecatombe ecológica a escala planetaria de consecuencias tan insospechadas como irreversibles. Por favor, recapaciten y piensen que para seguir manipulando el mundo necesitan ustedes que el mundo siga existiendo como tal. Aunque sólo sea por esa egoísta razón, desistan de su actitud.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 24 de julio de 2002