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Crítica:

Una deuda de amor

George Steiner reordena la historia de la literatura occidental. A la vez que señala su declaración de principios sobre ella y la crítica, como su desacuerdo por el predominio de las escuelas de la relatividad. Y demuestra la grandeza de Dostoievski y Tolstói.

Que George Steiner es un pensador no convencional y un moralista en el sentido ideal de la palabra, se percibe en la primera frase de su estudio sobre los dos titanes de la novela rusa: 'La crítica literaria debería surgir de una deuda de amor'. Exigir como legitimación para el crítico el fervor por la literatura ya es de por sí sorprendente y demuestra la calidad humana del que pronuncia esta exigencia. Pero Steiner quiere más, y ojalá todos los reseñistas y profesores de literatura le hicieran caso: 'Recordarnos que existen grandes tradiciones, líneas de herencia espiritual que relacionan a Homero con Yeats y a Esquilo con Chéjov. A esa crítica debemos regresar con apasionado temor y un siempre renovado sentido de la vida'.

TOLSTÓI O DOSTOIEVSKI

George Steiner. Traducción de Agustí Bartra Siruela. Madrid, 2002 372 páginas. 22,50 euros

En el segundo gran ensayo de la docena que escribió hasta hoy, publicado en lengua original en 1959, en castellano en 1968 (en la editorial mexicana Era), Steiner reacciona a la desaparición de la 'vieja crítica' con sus valores absolutos fundamentados en el estudio de los clásicos greco-latinos y contra el predominio de las escuelas de la relatividad. Realiza una apasionada declaración de principios, que irá reivindicando a lo largo de su trayectoria: la vuelta al valor de la excelencia, la autonomía de la literatura y la presencia de Dios en las obras de creación.

Aunque se trate de uno de sus trabajos de corte más académico, con gran cantidad de referencias y un prolífico name-dropping literario, el estudio engancha por la soberanía y la lucidez con la que Steiner, uno de los pocos eruditos de corte humanista que quedan en nuestra época, reordena la historia de la literatura occidental. Con su extraordinario sentido de la puntualización demuestra por qué Dostoievski es uno de los más grandes poetas trágicos y argumenta concluyentemente sobre los elementos homéricos en Tolstói, con digresiones pertinentes sobre la obra de Stendhal, Balzac, Dickens, Conrad o James.

Se puede estar de acuerdo con las ideas de Steiner o no, se le puede tachar de elitista, de endiosar la palabra, pero siempre es estimulante seguir el hilo bien tensado de sus razonamientos. Que logran que no nos conformemos con 'libros [que] encierran para nosotros las tentaciones de la facilidad y de un grosero y efímero solaz'. Porque él no somete la literatura a la vida, o viceversa, sino que señala cuánto puede aportar la belleza de la literatura al conocimiento de la vida.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de julio de 2002

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