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CUMBRE DE LA UE EN SEVILLA

Unos 100 antiglobalización se encierran en una iglesia en apoyo de los inmigrantes

La protesta coincidió con la celebración de una boda en El Salvador

Antonio Sotelo y Esther González tuvieron una boda inolvidable. Su enlace en la iglesia de El Salvador, en Sevilla, se desarrolló al tiempo que un centenar de antiglobalización se encerraban en un patio lateral, vigilados por la policía. La ceremonia, sin incidentes, finalizó con un saludo de los recién casados, protegidos por un cordón policial, a los concentrados en el exterior. El encierro, que concluyó poco antes de la manifestación, se convocó en apoyo de los 423 inmigrantes que están en el campus de la Pablo de Olavide.

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La imagen en la que Antonio Sotelo y Esther González, recién casados, saludan por encima del cordón policial a varios antiglobalización que habían convocado una protesta en apoyo de los inmigrantes en la iglesia donde se celebró la ceremonia nupcial es, tal vez, la más simbólica de la cumbre alternativa. Las 200 personas que participaron ayer en la protesta -la mitad dentro del encierro y otras tantas fuera- defienden las acciones contundentes pero sin violencia.

La pareja quiso agradecerles el respeto que habían mostrado hacia su enlace. Primero lo hizo saludando desde la escalinata del templo, donde recibieron unos puñados de arroz lanzados por algunos invitados mientras los antiglobalización les aplaudían y gritaban que 'otro mundo es posible'. Y después lo hicieron acercándose al lugar donde los anti-globalización estaban vigilados por un cordón policial saludando a algunos activistas. 'La verdad es que los chavales se han portado bien', comentaban a la salida algunos familiares del novio.

El encierro se gestó durante el taller de desobediencia civil celebrado el día antes en una de las carpas instaladas cerca del parque del Alamillo, que plantea la realización de acciones directas como método de denuncia. 'Queríamos ayudar a que el encierro de los inmigrantes de la universidad se visualizase durante la cumbre', explicaba ayer Rosa, cuando aún permanecía encerrada en el patio adyacente al templo de El Salvador.

Los antiglobalización acordaron con los invitados a la boda que no entorpecerían la ceremonia y que se retirarían al patio durante la celebración. Así que Esther González y Antonio Sotelo entraron en la iglesia con más nervios de los normales y rodeados de cierto frenesí de carreras desde el templo hacia el patio, que incluyeron la entrada de varios policías. Unos seis agentes quedaron en el interior para custodiar la puerta que conectaba con el patio donde estaba el centenar de encerrados -unos 50 según la policía- para impedir su salida.

En el exterior se formó un cordón policial de antidisturbios que retiró a empellones a los concentrados. Durante el despliegue policial realizado en la plaza, que incluyó alrededor de 60 agentes antidisturbios, se produjeron los momentos de mayor tensión porque los concentrados pretendían seguir en la escalinata del templo. La policía también se empleó contra algunos antiglobalización que trataron de acceder al lugar del encierro desde la plaza mientras coreaban lemas en favor de los inmigrantes como 'Papeles para todos o todos sin papeles' y contra la policía.

En el interior del encierro, mientras tanto, se celebraba una asamblea para exigir la intervención del arzobispo de Sevilla, Carlos Amigo Vallejo, como mediador en favor de los inmigrantes de la Pablo de Olavide. En un comunicado, los antiglobalización reclamaron al Gobierno que no expulse a ningún encerrado en la universidad sevillana y que modifique la actual Ley de Extranjería para permitir su regularización. 'El Gobierno tiene una responsabilidad directa en las causas que originaron el encierro', señalan en el texto, en alusión a los contratos en origen realizados por los empresarios de Huelva para la campaña fresera.

El dispositivo policial, que contó con la presencia del Jefe Superior de Policía de Andalucía Occidental, Antonio Bertomeu, se retiró de la plaza de El Salvador una vez finalizada la ceremonia, aunque en las calles cercanas siguieron estacionados algunos furgones. La protesta, en la que participaron españoles, franceses e italianos, entre otras nacionalidades, finalizó alrededor de las 19.00 porque los encerrados pretendían sumarse a la manifestación del Foro Social de Sevilla, que partía una hora después de los alrededores de la estación de Santa Justa. Después de leer un comunicado en favor de los inmigrantes, abandonaron el templo para encabezar una marcha hacia la estación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 23 de junio de 2002