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ETA quería atentar en la costa durante la cumbre europea

La organización envió un 'comando suplente' al Mediterráneo para empezar a atentar el día 19

El etarra Aitzol Maurtua condujo ayer a la policía hasta tres zulos (escondites) excavados en un paraje montañoso de Cortes de Pallás (Valencia). La banda tenía almacenado en ellos 131 kilos de explosivos para empezar a atentar contra el turismo la próxima semana a fin de 'crear una sensación de caos' durante la celebración de la cumbre europea de Sevilla, según dijo el ministro del Interior, Mariano Rajoy. El detenido formaba parte de un comando enviado por ETA 'deprisa y corriendo' a la costa tras la caída el pasado 2 de mayo de los cuatro terroristas a los que se les había encargado mantener una campaña de atentados con coches bomba en Andalucía y la Comunidad Valenciana.

La pareja formada por Aitzol Maurtua y el fugado Íñigo Vallejo Franco había sido enviada hace apenas una semana a la costa de Valencia para cometer al menos seis atentados con coche bomba contra intereses turísticos, especialmente establecimientos hoteleros. El primer atentado lo iban a cometer la próxima semana, coincidiendo con la celebración de la cumbre europea de Sevilla, según aseguró ayer Rajoy en una rueda de prensa en La Moncloa.

El comando era el tercero que la banda intentaba asentar en la costa mediterránea en mes y medio. ETA, según fuentes de la investigación, había diseñado un plan para enviar un número indeterminado de parejas de terroristas para mantener una 'muy intensa' campaña de atentados durante el semestre de presidencia española de la UE y el verano. Para ello había creado dos comandos, formados por sendas parejas, uno de los cuales se iba a instalar a finales de mayo en un piso que tenían alquilado en Benidorm (Alicante), mientras el otro iba a extender el terror desde Cataluña a Andalucía. El plan era empezar en junio, pero los dos comandos fueron detenidos el pasado día 2 en (Niort) Francia, junto al dirigente del aparato militar Javier Abaunza Martínez.

Cloratita y dinamita

Los explosivos estaban ocultos en un paraje boscoso de las montañas que rodean Cortes de Pallás, a unos 80 kilómetros de Valencia, donde habían excavado someramente tres zulos en cuyo interior habían sido escondidos los explosivos dentro de plásticos.

Los zulos contenían 120 kilos de cloratita, 11 kilos de dinamita, seis cajas con temporizadores y otra con detonadores y cordón detonante. Rajoy no descartó que este material, con el que se podrían haber cargado al menos cinco coches bomba, hubiera sido trasladado hasta la costa por alguno de los detenidos en Niort el 2 de mayo: Manex Zubiaga Bravo, Lexuri Gallastegi Martínez, Ángel María López Anta y Anartz Oiarzabal Ubierna. Este último tuvo que huir precipitadamente de Torrevieja (Alicante) el 24 de julio del año pasado al estallar un artefacto cargado con 10 kilos de dinamita que estaba manipulando su novia, Olaia Kastresana Landeberea, de 22 años, que falleció destrozada por la explosión.

Esta doble composición es la que hizo sospechar a los servicios antiterroristas que la banda podría haber introducido a través de Cataluña a otra pareja de etarras con objetivos similares a los que fueron descubiertos en Francia. 'La relación que tenían esos terroristas era muy amplia y detallada y los objetivos estaban muy elaborados y el trabajo dividido: uno se iba a asentar en Valencia y el otro iba a rular por la costa', según han indicado fuentes de la investigación, que precisan: 'Lo lógico es que ETA mantuviera los planes y que se los haya encargado a otros terroristas, entre ellos al detenido y al fugado'.

El objetivo de ETA era atentar contra intereses turísticos durante la celebración de la Cumbre de Sevilla con el fin de 'transmitir la sensación de caos a los jefes de Estado y de Gobierno para dañar la imagen de España', según insistió Rajoy. Pero, en este caso, la precipitación y el haber montado el comando 'de manera rápida', según Rajoy, ha frustrado los planes. Maurtua y su socio aún no habían alquilado ningún piso en la zona, habían pernoctado tres noches (de jueves a domingo) en un hotel de Valencia y en una fonda de Cullera. Tras el primer atentado, su intención era ocultarse en el campo (tenían colchonetas y sacos de dormir) hasta que remitieran los controles.

Aitzol Maurtua hizo valer su experiencia como brigada forestal para elegir la ubicación de los zulos en la sierra de Dos Aguas, en la comarca de La Vall de Cofrentes. Maurtua, que ayer por la mañana fue conducido al lugar por efectivos policiales desde Madrid, descubrió los tres escondites en los que él y el etarra escapado habían enterrado los explosivos. El etarra recuperaba así una técnica de ocultación profusamente utilizada por la banda durante los años 80, pero abandonada en los últimos tiempos.

Maurtua se adentró en la sierra para excavar en el suelo, a cinco metros de un riachuelo y unos 30 de un camino intransitado, que en tiempos fue privado para dar acceso a una finca ahora abandonada, tres agujeros de unos 70 centímetros de largo por 60 de ancho y unos 50 de hondo. Allí, en el interior de una de las comarcas valencianas más extensa, montañosa y despoblada, protegidos con plásticos, perfectamente cubiertos para no ser vistos y para que una imprevista tormenta no diera al traste con el zulo, la policía encontró los explosivos, dispuestos en seis paquetes perfectamente preparados para ser colocados en otros tantos coches.

Atentados 'el 19 o 20'

Fuentes de la investigación dijeron también ayer que los terroristas se proponían atentar en Valencia ciudad y en municipios costeros, que la primera de las acciones estaba prevista para la próxima semana, 'probablemente el día 19 o el 20' y que 'no se descarta que contaran con la ayuda de una tercera persona'.

A pesar de la lejanía del lugar elegido para esconder los explosivos, al que se accede tras recorrer un enjambre de carreteras secundarias y caminos de tierra de agreste orografía y vegetación cerrada (entre el antiguo pantano de Millares y el cauce del río Júcar, cerca del municipio de Cortes de Pallás), la conmoción recorría ayer pedanías y pueblos de la zona.

A la entrada de Cortes de Pallás, el dueño del bar Casa Facundo se convirtió en un improvisado informador que daba parte de los intensos movimientos de vehículos de la Guardia Civil, que custodió el punto en el que se encontraron los explosivos hasta última hora de la tarde, y de las visitas oficiales. 'Parece mentira, si aquí no pasa nunca nada, si esto es de lo más tranquilo', decía incrédulo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 13 de junio de 2002