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Un libro recuerda la embajada de Abd ar-Rahman II a los vikingos

Dos culturas aparentemente opuestas coincidieron en busca de un acuerdo en pleno siglo IX. El emir omeya de Al-Ándalus Abd ar-Rahman II envió una embajada al reino vikingo entre finales del año 844 y comienzos del 845. Abd ar-Rahman II eligió como embajador a Al-Ghazal, poeta reconocido por su talento, ingenio y elegancia. Al-Ghazal era el principal diplomático de Córdoba. Cuando emprendió su viaje hacia el misterioso reino vikingo andaba por los 50 años y estaba en la plenitud de su vocación aventurera. Un libro, Al-Ghazal y la embajada hispano-musulmana a los vikingos en el siglo IX (Miraguano Ediciones), recoge este episodio histórico.

La crónica de la misión diplomática fue puesta por escrito por el andalusí valenciano Ibn-Dihya. Es un texto de un extraordinario valor, ya que se trata del primer documento etnográfico que describe el país de los vikingos en la Alta Edad Media de la mano de un habitante del sur de Europa. Al-Ghazal y la embajada hispano-musulmana a los vikingos en el siglo IX se compone de sendos textos escritos por los profesores W. E. D. Allen y Abdurrahman El Hajji. Un estudio introductorio del licenciado en Filosofía y Filología Islandesa Mariano G. Campo completa el libro.

Campo, que es también responsable de la edición, emprendió este proyecto porque notó 'un vacío bastante considerable en torno a la figura de Al-Ghazal'. 'Quería rescatar una figura olvidada que supone una fuente de información bastante rica, aunque parcial', agrega. Campo buscaba asimismo 'romper esa visión dualista un tanto ficticia entre árabes refinados y vikingos bárbaros. Eran dos culturas en apogeo', señala. 'El trato a la mujer en la cultura vikinga era bastante avanzado si se compara con la cultura árabe. La mujer en el mundo nórdico tenía un margen de libertad mucho más amplio. Me interesaba romper el mito del nórdico como salvaje, bárbaro y cruel', explica Campo.

Incendio de Sevilla

La embajada de Al-Ghazal fue consecuencia de la primera oleada de incursiones vikingas en la península Ibérica en el año 844. Tras saquear las costas gallegas, los vikingos continuaron su navegación hasta llegar a Cádiz. Hicieron escala en el Guadalquivir y, alrededor del 29 de septiembre, incendiaron Sevilla. Los vikingos destruyeron la mezquita y los muros de la ciudad. Los cordobeses acudieron en ayuda de los sevillanos y, tras varios combates, consiguieron echarlos. Poco después, el emir omeya envió su embajada.

'Abd ar-Rahman II no sabía qué había detrás de esas incursiones. No sabía si eran la avanzadilla de algo más gordo. Había también el peligro de los reinos cristianos del norte de la Península y del resto de Europa. A Abd ar-Rahman II le interesaba estar a bien con los vikingos por si podían ser sus aliados. Enviar una embajada fue una estrategia racional e inteligente', concluye Campo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 20 de mayo de 2002