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COLUMNA

Pedagogía

Cuando, ante las timidísimas propuestas del PP para una reforma educativa, oímos a Zapatero exclamarse '¡Esto es volver al franquismo!', a todos cuantos bregamos en institutos, colegios y universidades nos dio un aire. ¿Qué trivial idea tiene este hombre sobre la educación bajo el franquismo? Es muy joven, pero, ¿qué cráneo privilegiado le asesora en esta materia? Al cabo de unos meses, alabado sea Dios, aparecen por fin las primeras ideas concretas del PSOE sobre la reforma de la enseñanza. Ya iba siendo hora.

El partido socialista se ha dejado arrebatar una de las áreas históricamente esenciales para la izquierda. ¿Cómo permitieron, los herederos de Pablo Iglesias y de Antonio Machado, que el PP tomara la iniciativa en la defensa de la dignidad de los maestros y el imprescindible esfuerzo que exige la instrucción? ¿Cuándo entenderán que si los jóvenes no votan a los socialistas es porque se les viene tratando como a unos majaderos que han aparecido en este mundo para quemarse en un jolgorio festivo y municipal? La desesperación no es enfermedad, sino síntoma, y lo populachero es el más puro enemigo de lo popular.

En cuanto a las propuestas mismas, poco se puede decir, ya que suponen una tremenda partida presupuestaria que Zapatero no ha de defender en el Parlamento y por lo tanto es un brindis al sol. Sin embargo, en honor a la verdad, ésta es la única medida sensata de cuantas se han propuesto hasta el momento. Desde luego, la única que los trabajadores podemos tomar en serio pensando en unas elecciones. Mientras el presupuesto de educación español no pueda compararse con el europeo, todas las reformas que se apliquen son divinas palabras. La decadencia de la enseñanza pública y el perverso flujo hacia la privada se debe, en buena medida, a la potencia económica de los lobbies católicos, animados por la raquítica política pública. Comparen, no ya el profesorado, sino las instalaciones públicas y privadas, y comprenderán por qué hay dirigentes socialistas que mandan a sus hijos a los colegios privados.

A ver si ahora nos explican qué proyecto preparan para la universidad, antes de que se nos caiga encima. Está tan arruinada que puede venirse abajo en cualquier momento.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 10 de abril de 2002