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Reportaje:REPORTAJE

Los inmensos icebergs de la Antártida

La Antártida es muy grande, muy compleja, y no se está deshelando, por ahora. Ésta es la idea más importante que intentan comunicar los científicos de los centros especializados británico y estadounidense (el British Antarctic Survey y el National Ice Center), atosigados por el interés público cada vez que los satélites localizan nuevos icebergs desgajados de las plataformas de hielo flotante que se formaron hace 20.000 años como extensión del casquete polar antártico.

En estas últimas semanas, al final del verano austral, se ha desintegrado una parte, del tamaño de Álava, de la plataforma de Larsen y se ha desgajado un enorme iceberg de 5.400 kilómetros cuadrados (poco más que Cantabria) en el mar de Amundsen. Hace dos años, un poco más al oeste, en el mar de Ross, se desgajó el mayor iceberg observado por satélite hasta el momento, de un tamaño similar al del Principado de Asturias. Lo mucho que queda todavía de este enorme bloque de hielo, sobre el que los científicos estadounidenses situaron instrumentos para estudiarlo, está ahora a punto de chocar con otro iceberg y se espera que se parta en varios trozos.

En los 14 millones de kilómetros cuadrados de la Antártida, los científicos ya saben que el clima ha permanecido muy estable en las últimas décadas

Sólo cuando se derrita más hielo que el que se forme empezará a disminuir el volumen de los casquetes y empezará a subir el nivel del mar

El hielo antártico, que tiene una altura media de 2.000 metros, constituye el 90% del hielo mundial y contiene el 70% del agua dulce del mundo

A pesar de estos espectaculares hechos, en la enorme extensión de la Antártida (14 millones de kilómetros cuadrados), estudiada ahora como nunca gracias a los satélites y las bases permanentes y estacionales, los científicos ya saben que el clima ha permanecido, en general, muy estable en las últimas décadas. Sin embargo, sí se han localizado algunas áreas concretas afectadas por una subida de las temperaturas. La más estudiada es la península antártica, apenas un 4% del territorio total (el más cercano al cono suramericano), en la que se ha comprobado un aumento de la temperatura media anual de dos grados centígrados en los últimos 50 años. Este aumento es sorprendentemente igual al observado en el Ártico y mucho mayor que la media mundial (0,5 grados). Es en esa zona donde se ha producido el colapso de varias plataformas de hielo, como la reciente de Larsen.

Fin de la era glacial

La relación entre esta subida local de las temperaturas y el calentamiento global achacable al aumento de gases de efecto invernadero por las actividades humanas no está clara todavía. Los polos terrestres juegan un papel muy importante, pero todavía mal conocido, en el clima mundial, y la Tierra está saliendo de una era glacial, por lo que puede tratarse de una tendencia natural e irreversible. Que no se sepa no quiere decir que no preocupe lo que pueda pasar en la Antártida y, por extensión, en el mundo, si se confirma la tendencia a un cambio climático, sea éste natural o acelerado por inducción humana.

El hielo antártico, con un espesor medio de más de 2.000 metros, constituye el 90% del hielo mundial y contiene el 70% del agua dulce del mundo. Si todo él se derritiera subiría el nivel de los océanos nada menos que 60 metros. Por eso se ha puesto en marcha un ambicioso programa de estudio del casquete antártico occidental, que se desborda sobre el océano en el mar de Ross, la mayor plataforma de hielo al oeste de la península antártica y cuna de gigantescos icebergs. Este casquete, al contrario que el occidental, está en su mayor parte apoyado en terreno situado bajo el nivel del mar, ya que en realidad cubre un archipiélago adyacente al continente (la Antártida oriental). Los científicos lo han identificado como el factor más importante en una posible subida del nivel del mar debida al calentamiento global. La subida sería de cinco metros.

Los estudios en el hemisferio norte de casquetes marinos formados en glaciaciones anteriores y ya desaparecidos indican que son construcciones inestables que pueden colapsar rápidamente, subrayan los especialistas del programa West Antarctic Survey. Por ahora, el hielo que se desprende lo hace de la plataforma y ya estaba flotando antes, por lo que no influye en el nivel del agua.

El ciclo natural

Los icebergs no son nada nuevo, forman parte del ciclo natural que empieza cuando cae nieve sobre la Antártida, sigue con el transporte del hielo por los glaciares y corrientes de hielo subterráneas y termina cuando el hielo se derrite en el mar. Los expertos del British Antarctic Survey explican que todavía no se puede decir si se está derritiendo actualmente más hielo que el que se forma tras las nevadas anualmente. Sólo cuando se derrita más hielo que el que se forme empezará a disminuir el volumen de los casquetes y empezará a subir el nivel del mar.

En la Antártida occidental, el análisis histórico es bastante claro y registra un retroceso del casquete desde el máximo glacial de hace 20.000 años, por lo que es de esperar que siga fundiéndose. En palabras del geólogo Francisco Anguita: 'Está desintegrándose desde hace 11.000 años, y si el ritmo de desintegración no cambia dentro de otros 7.000 años ya no quedará nada de él'. Lo que puede pasar es que este proceso se acelere por la intervención humana. Por ahora, la falta de datos durante largos periodos de tiempo y la variabilidad observada en la extensión del hielo flotante hace imposible relacionar los espectaculares icebergs con cualquier tendencia clara a la aceleración.

El Ártico, navegable en 10 años

LA RETIRADA PARCIAL de los hielos se está produciendo más en el polo Norte, donde no hay tierra, que en el polo Sur. En agosto de 2000, un oceanógrafo que hacía un crucero de placer por el polo Norte se sorprendió enormemente cuando vio que en este punto de hielos perpetuos había agua. El año pasado, los organismos encargados del Ártico de tres países -EE UU, Canadá y el Reino Unido- se reunieron para preparar su estrategia en un escenario insólito: un océano Ártico navegable varios meses al año en barcos normales. Esperan que suceda en menos de 10 años. No les importa tanto saber la causa como el hecho de que una zona antes cerrada y relativamente fácil de controlar va a abrirse a la navegación y a la pesca. Esperan problemas de soberanía, de contaminación y de contrabando. La escasez de satélites de observación sobre el Ártico es la mayor preocupación de la Armada de EE UU.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 24 de marzo de 2002

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