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El Real rinde homenaje a Montsalvatge con su ópera sobre el mestizaje

Ros Marbà y Jorge Lavelli montan 'Babel 46'

La mezcla, la convivencia, eso tan necesario hoy, tan contemporáneo, fue el tema elegido por Xavier Montsalvatge para crear Babel 46. Es la historia de unos personajes de diferentes nacionalidades, residentes en un campo de refugiados, que esperan volver a vivir en una Europa devastada, y ha sido la pieza elegida por el Teatro Real para homenajear al compositor, que acaba de cumplir 90 años. La dirigen el músico Antoni Ros Marbà y el escenógrafo Jorge Lavelli.

Centroeuropa, 1946. En un campo de refugiados se encuentran David y Aarón, dos sefardíes; de Mozambique vienen João, un trompetista ciego y su hija Laurinha, muda y clarinetista; por ahí anda también una supuesta marquesa francesa con un perro y un loro que canta ¡Zigarren! y ¡Heil, Hitler! También están Virginia y Urraca, dos solteronas de Ciudad Real, cotillas y beatas; un par de italianos que esconden secretos, Berta y Aristide, y finalmente Mr. Clyde, un escocés que busca parejas para jugar al bridge...

Todos hablan su idioma y traen sus ritmos, algo que Xavier Montsalvatge utilizó como punto de partida en 1967 para componer Babel 46, un cóctel con seis lenguajes hablados y algunos más musicales que se representa a partir del lunes y hasta el 11 de abril en el Teatro Real junto a L'enfant et les sortilèges, de Ravel.

Para Antoni Ros Marbà, director musical de Babel 46, hay algo de deuda personal en este trabajo. 'Yo estuve en el jurado del Liceo que no premió esta obra cuando se presentó al concurso en 1967. Quedó desierto. No lo supimos ver entonces, fuimos incapaces de captar su delicadeza', dice. Montsalvatge, a veces se lo recuerda, pero también confía plenamente en él. 'Cuando le llamo con alguna duda, me responde siempre lo mismo: 'Tú sabrás', afirma Marbà.

En los últimos años, la música de Montsalvatge, siempre libre, ajeno a los dogmas, a las corrientes imperantes, dueño de su propia voz, ha vivido una reivindicación en los últimos años. Ros Marbà no escapa a la valoración: 'Montsalvatge es uno de los compositores españoles más importantes de todos los tiempos. Es indispensable. No se guió por ninguna escuela, bebe de Puccini, de los franceses. Para mí es un creador genuinamente mediterráneo por encima de todo', dice Ros Marbà.

¿Y el mejor Montsalvatge? 'Hay obras que definen a un músico. Yo encuentro varias épocas en su obra. Está una brillantísima y muy conocida, la antillana, de las Cinco canciones negras o el Cuarteto indiano, son sus best sellers y luego está su Sinfonía de réquiem, una de esas obras hechas con la absoluta libertad de quien hace lo que quiere hacer, no lo que imponen las corrientes', asegura.

Agudo y sutil

El músico también hizo el libreto de Babel 46. 'Es un texto singular, propio de alguien muy agudo, sutil, ágil, muy culto en todos los sentidos', afirma Marbà. Y un texto en el que Jorge Lavelli, director de escena argentino muy curtido en óperas contemporáneas, observa muchos ángulos, muchas sugerencias. 'Está escrita en una época dura para España, en pleno franquismo, y para Europa, en plena posguerra, cuando todavía no se sabía bien hacia dónde se dirigía', cuenta este hombre de ópera y teatro residente en París.

Lavelli ha querido huir del naturalismo en el nuevo montaje de una ópera que estuvo guardada en el cajón desde 1967 hasta su estreno en Cadaqués y Peralada en 1994. 'Están los elementos esenciales en sólo un espacio escénico. Pero es increíble comprobar cómo Montsalvatge trata temas de absoluta actualidad del presente, como la presencia de la inmigración, con una concepción abierta, europea y un tono propio de las grandes obras dramáticas del siglo XX que tienen como tema la espera de un mundo nuevo, de nuevas teorías, nuevas filosofías, nuevas razones', asegura el director escénico.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 22 de marzo de 2002