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CRÓNICA

Portillo deja huella

El Madrid iguala al Panathinaikos gracias a un trallazo de su joven delantero debutante

Sólo unos cuantos jovenzuelos que intentan ganarse un hueco en el primer escaparate del Madrid mantendrán durante algún tiempo en su retina el indigesto partido jugado ayer en Atenas. Un encuentro plano sólo animado en el tramo final por Portillo, un tragón del gol, al menos por los alrededores de la Ciudad Deportiva, que alumbró la noche con un soberbio zurriagazo que selló el empate.

PANATHINAIKOS 2| REAL MADRID 2

Panathinaikos: Nikopolidis; Seitaridis, Henriksen, Goumas, Fissas; Michaelsen, Galetto, Karagounis; Liberopoulos (Vokolos, m. 79), Konstantinou (Olisadebe, m. 73) y Karagounis. Real Madrid: Casillas; Geremi, Iván Campo, Rubén, Raúl Bravo; Miñambres, Flavio, Celades, McManaman (Solari, m. 82); Savio (Valdo, m. 77) y Morientes (Portillo, m. 60). Goles: 0-1. M. 9. Disparo seco de Liberopoulos desde la frontal del área. 1-1. M. 11. Pase medido de Celades a la cabeza de Morientes, que lo cruza a la escuadra de Nikopolidis. 2-1. M. 64. Goumas cabecea una falta en el área del Madrid sin que los centrales lo marquen. 2-2. M. 80. Portillo saca un zurdazo desde más de 30 metros que se mete pegado al palo izquierdo de la portería griega. Árbitro: Domenico Messina (Italia). Mostró tarjeta amarilla a Karagounis e Iván Campo. Unos 16.000 espectadores.

Un resultado que tampoco olvidarán los incansables hinchas del Panathinaikos, que tiraron confetis para celebrar la clasificación de su equipo para los cuartos de final. Una gesta para el volcánico fútbol griego. Poco acostumbrado a verse en la cumbre, el Panathinaikos hizo todo lo posible para firmar un armisticio desde dos horas antes de comenzar el encuentro y sólo le faltó hacer pasillo a su enemigo. En el Apostolos Nikolaidis sonó en repetidas ocasiones el himno del Madrid -y alguna que otra canción de la coral madridista- y toda la expedición fue recibida con aplausos; al pisar el campo con el traje, en el calentamiento y durante toda la fanfarria preliminar de la UEFA en estos partidos de Champions. Los griegos no querían bronca y lo cierto es que el equipo de Del Bosque no se la dio hasta que irrumpió el descarado de Portillo.

Con una alineación llena de remiendos, el Madrid apenas se sacudió el polvo. En todo momento quiso conducir el duelo con el freno echado, sin morder más de lo necesario si el rival no amenazaba con sacarle los colores. Y, desde luego, el Panathinaikos no es gran cosa.

Inquieto por el escudo rival, el conjunto griego se limitó a negociar el punto que le hacía falta, con cinco jugadores guardando escrupulosamente la posición por detrás de la pelota -los cuatro defensas y el medio centro argentino Galetto-. Pero la escasa oposición española -sobre todo en defensa- le abrió de par en par el área de Casillas en varias ocasiones. Con Flavio y Celades incapaces de articular el juego y descosidos Iván Campo y Rubén, el portero madridista fue el jugador más exigido y resolvió la faena con acierto, con varias paradas meritorias.

La indisposición del Madrid muy pronto derivó en el gol de Liberopoulos, el mejor de los locales, que armó un buen zapatazo desde la media luna del área. Al equipo de Del Bosque ni siquiera le dio tiempo a bajar la cabeza, porque un suspiro después, casi sin querer, Morientes le hizo una jugarreta a Nikopolidis, el despistado portero griego. Lo cierto es que Niko y sus compañeros y contrarios creyeron que el árbitro detendría el juego por un punterazo de McManaman en el rostro de defensor. Hasta Morientes tardó en celebrar su acierto.

El sorprendente gol del delantero madridista fue el único acierto del Madrid en toda la noche hasta la irrupción de Portillo. El equipo adelantó la línea más de lo habitual y pasó un calvario. Lejos de achicar el jugador rival, cegándole los espacios, los defensas blancos abrieron un boquete de proporciones gigantescas. Sólo la timidez de los griegos evitó al Madrid un destrozo mayor.

Sin noticias de Savio y Morientes y con McManaman camuflado, el equipo de Del Bosque se dejó llevar por el ímpetu del Panathinaikos. Parsimonioso y sin el punto de velocidad necesario que requiere cualquier partido, por muy rebajado de presión que esté, el Madrid se quedó a la intemperie, sin más argumento que la enorme ilusión expuesta por la tropa de los pavones, Portillo incluido, al que el técnico dio carrete en el segundo tiempo.

Y el carpanta de las categorías inferiores dejó la mejor huella de la jornada. Un golazo para chuparse los dedos, un trallazo desde el Pireo que se comió la red y transformó al Madrid en los últimos minutos. Con los griegos temblando por el descaro del chaval, el equipo madrileño empujó al final, pero le faltó cuerda. Así, todos quedaron como proclamaba una pancarta del fondo sur con caracteres bien grandes y en castellano: "Amigos para siempre"... Y con Portillo en el escaparate.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 21 de marzo de 2002