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CRÓNICA

Los suplentes complican la vida del Depor

El cuadro gallego acusa los numerosos cambios y pierde el liderato de su grupo

Un principio quedó sentado anoche en Riazor: el Deportivo, como todos los equipos del mundo, tiene titulares y suplentes, y entre ambos hay una gran diferencia. Durante mucho tiempo, pareció que Irureta podía disponer de dos planes de actuación con suficientes garantías para intercambiarlos cuando lo requiriesen las circunstancias de un calendario interminable. Pero anoche se vio que la grandeza de este Depor reside en los nombres que circulan desde hace unas semanas en boca de todo el mundo. Los demás cargaron de razones a su entrenador para que les siga confinando al banquillo. El fracaso del plan B de Irureta dejó al Depor sin el primer puesto de su grupo y lo aboca a unos cuartos de final más complicados de lo que se preveía.

DEPORTIVO 1| BAYER LEVERKUSEN 3

Deportivo: Nuno; Héctor (Diego Tristán m. 67), César, Naybet, Capdevila; Duscher (Sergio m. 61), Mauro Silva; Pandiani (Valerón m. 61) , Djalminha, Amavisca; y Makaay. Bayer Leverkusen: Butt; Sebecesn, Lucio, Nowotny, Placente; Ramelow; Schneider (Zivkovic m. 89), Bastürk (Vranjes m. 87), Ballack, Ze Roberto; y Brdaric (Neuville m. 63). Goles: 0-1. M. 33. Centro de Brdaric desde la izquierda que cabecea Ballack de frente a la portería. 0-2. M. 54. Saque de esquina que remata Schneider en el segundo palo. 1-2. M. 75. Tristán recibe en el área, caracolea ante tres defensas y conecta un disparo raso que entra tras rebotar en un jugador rival. 1-3. M. 86. Centro de Ballack desde la derecha que cabecea Neuville. Árbitro: Nikolai Ivanov (Rusia). Enseñó cartulina amarilla a Nowotny, Brdaric y Capdevila. Unos 28.000 espectadores en Riazor.

Después de lo visto ayer, va a ser difícil que Irureta, por mucha plantilla que tenga, vuelva a remover el equipo entero, salvo caso de extrema necesidad. Porque la noche de los desplazados, de jugadores como Djalminha o Makaay, portadores de todas las glorias en otras épocas y arrumbados ahora por la irrupción de Tristán, Valerón y compañía, resultó un fracaso estrepitoso. Irureta les había regalado el partido para que se luciesen culminando el pase del equipo a los cuartos de final y para que demostrasen que el Deportivo es mucho más que ese once de las grandes hazañas de Madrid y Londres que había puesto fin a la costumbre de las rotaciones. Los que alardean de su hambre de jugar tenían un estadio casi lleno y un público dispuesto a repartir parabienes desde el primer minuto. Y así y todo, estropearon su ocasión y se condenaron a otra larga temporada en el banquillo.

Hablar de suplentes en el Depor resulta muy relativo. No sólo porque Irureta acostumbre a repartir juego entre casi toda la plantilla, sino porque los menos habituales no son, por ejemplo, ese grupito de imberbes que se llevó el Madrid a Atenas, sino futbolistas con muchas batallas y hasta algún título a cuestas. Quizá por eso el Leverkusen, obligado a ganar a cualquier precio, trató al Depor de salida con el mismo respeto que si tuviese enfrente a la legión de honor blanquiazul. Pero los alemanes, que al principio no se atrevían más que con algún contragolpe, no tardaron en darse cuenta de que el rival les tendía la alfombra. Primero amagaron con un par de avisos y al rato, llegó el gol de Ballack. De ahí hasta el descanso, el Bayer se paseó por Riazor desperdiciando la oportunidad de dar carpetazo al partido. Para entonces, el público ya había perdido la sonrisa y preparaba la munición para cargar sin misericordia contra los suyos.

Entre los damnificados de anoche pocos sufrieron tantas heridas como Djalminha y Makaay, precisamente los dos de los que más se podía esperar. El brasileño volvió a perderse por su afán de estar en todas partes, que finalmente le conduce a no estar en ningún sitio. Se empeñó en acaparar la pelota, aunque para ello tuviese que retrasarse hasta el círculo central. Y el equipo se quedó sin volante de enganche, la función esencial que correspondía a Djalminha. El brasileño, además, a fuerza de intentar hacer tantas cosas, se perdió en un mar de imprecisiones. Si a Djalminha se le vio en exceso, Makaay, estático e indolente, prefirió que no se notase mucho su presencia. Da la impresión de que el holandés ya se ha resignado a ver desde la distancia el reinado de Tristán.

Con el segundo gol alemán, al inicio de la segunda parte, en un córner mal defendido por el Deportivo, Irureta no aplazó más su decisión y recurrió al equipo de verdad. Casi de una tacada entraron Valerón, Tristán y Sergio. Y el Depor tomó cuerpo de inmediato, para demostrar que lo que se había visto hasta entonces era sólo una versión fantasmal. Por fin la pelota circuló con criterio, y Tristán no tardó en hallar el gol. El tanto alimentó durante algunos minutos la ilusión de la remontada. Pero el Leverkusen se guardó un contragolpe para el último momento y castigó al Depor por la desidia de los suplentes que van a seguir siéndolo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 21 de marzo de 2002