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El arte provocativo de Ben Jacober y Yannick Vu se expone en Zaragoza en una retrospectiva de 1984 a 2002

El Palacio de Sástago, de Zaragoza, encierra hasta mayo una hermosa retrospectiva del trabajo de Ben Jakober & Yannick Vu, algo más que una pareja de creadores que proyectan en su trabajo la traducción perfecta de sus inquietudes y sus mitos: lo femenino y lo masculino, Leonardo y Duchamp. El palacio, un edificio renacentista, es, para Yannick Vu, "un lugar perfecto para albergar la obra".

Comisariada por Pablo Rico, que ya trajo a este mismo espacio a Yoko Ono en abril de 1999, la muestra Perspectivas es un recorrido por el trabajo de este dúo desde 1984 a 2002 e incluye piezas que no se habían visto juntas. El paseo por la exposición -agrupa instalaciones, maquetas y fotografías- arranca al traspasar el telón que da acceso al patio de columnas. Bajo la cúpula, un bosque de antenas parabólicas emiten sonidos con la proximidad del espectador. "Es un concierto sideral", dice Jakober, que se deleita acercándose a los sensores que las ponen en funcionamiento. En realidad, es un espacio de alerta que persigue al visitante. Figuran obras emblemáticas de la pareja, como Totem y la serie que habla de lo masculino y lo femenino: la gran uña lacada en rojo sangre (Escudo) y el detector de mentiras (Lie detector). Zen es un montaje adaptado a este espacio que abre paso a la sala donde el espectador se enfrenta al Autoflagelador, la gran pieza de acero inoxidable que azota la imagen de quien lo mira, junto a las enormes agujas enebradas por un hilo de luz, "que es el semen, lo masculino dentro de lo femenino", relata Vu.

Un árbol de cascos es la molécula Planta cara, que simboliza el origen genético de la violencia. Esta inquietante escultura es la que abre paso al espacio en que la Hamaca suspendida del techo comparte lugar con un espejo opaco, Trompe Lóeil II, en homenaje a Duchamp. También se expone la obra de dos esqueletos copulando en homenaje a Leonardo.

Una nueva sala da paso a un recorrido especial, Sáhara (escritas las letras en hielo), y a la recreación conceptual del cuadro El origen del mundo. Después vendrá otro espacio dedicado a la arqueología del presente: en él se encuentran el caballo que presentaron en la bienal de Venecia, los rascacielos neoyorquinos construidos con material electrónico; Eros, rose oser y Por el rabillo del ojo, unas gafas en las que los ojos son dos grandes peceras habitadas por peces negros. Los autores explican que son lo mismo que la retina y el globo ocular, y que se mueven de la misma forma.

Película

El final del recorrido es para descubir maquetas y fotos de obras suyas, grandes esculturas, como la situada en la autopista de Palma de Mallorca. "Lleva tiempo colocada", sonríe Jakober, "y nos hemos enterado de que la acaban de iluminar".

La obra Misterium anatomicum concentra todo el sentido de la muestra, lo femenino y lo masculino, eros y tanatos. El montaje se acompaña con la proyección de una película en azul en la que se suceden esos trabajos científicos, animales apareándose, imágenes de resonancias magnéticas con una pareja copulando, la reaccion del cerebro, el corazón y las curvas de respuesta del hombre y la mujer al estímulo sexual.

Pero Jakober y Vu no han cumplido todos sus deseos. La pareja soñaba con instalar en Zaragoza una gran fuente de cucharas de treinta metros que no ha sido posible porque la plaza de España, donde iba a ser ubicada, está levantada por obras.

Hay sin embargo -como en la muestra de Yoko Ono- un homenaje en la puerta de acceso al palacio. Una gran instalación conformada por seis grandes paneles en los que la palabra Museo figura en castellano, catalán, fabla aragonesa, inglés, francés y alemán.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 21 de marzo de 2002