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Reportaje:TENDENCIAS

El auge del 'coaching'

Se encuentra usted harto de seguir indefinidamente estancado año tras año en los mismos problemas, sea con su pareja, con su empleo, con sus ingresos? ¿Se siente hastiado de vivir desorganizado, abrumado, subestimado, desorientado? No es extraño. Su caso forma parte del estado general de la población. Pero, a la vez, ¿desea estrenar una nueva vida? Ya no hace falta esperar. Desde hace casi una década una legión de coachs, o ángeles de la guarda, está llenando el mundo. Comenzaron a crecer en Estados Unidos hace unos diez años y hace poco más de dos que se encuentran extendiéndose por Europa. De hecho, ya existe un compatriota famoso entre los coach, el segoviano José Luis Menéndez, hipnoterapeuta, que ha abierto su oficina en Londres, pero puede atender por Internet a cualquier paisano. Este año, además, pronunciará conferencias en España, además de en Venezuela, Australia y Reino Unido.

Leonard asegura que dentro de cinco años cada uno de nosotros tendrá a su lado un 'coach', al que haremos partícipe de nuestras miserias y él las reprocesará para hacernos grandes

Su trabajo no se centra en personas afectadas por graves problemas psicológicos, sino que se trata de ayudar a 'gente real' con 'problemas reales' mediante 'soluciones reales'

¿Qué es un coach? La palabra significa 'entrenador', y de la misma manera que en la clase alta ha crecido mucho la demanda de preparadores individuales para realizar ejercicios físicos, ahora llega el momento de entrenar el espíritu. En principio, el coach puede parecerse a un director espiritual de otros tiempos, pero la diferencia es que el coach no regaña, no pone penitencias ni estimula los remordimientos. No promete además ninguna cosa que no se realice en esta vida y en beneficio general (profesional, económico, sexual) del sujeto. Cabe también la tentación de asimilar el coach a un psicólogo o un terapeuta, pero su labor es incomparablemente más práctica y breve. Su atención no se centra, de otro lado, en personas afectadas por graves problemas psicológicos, sino que, como dice la propaganda, se trata de ayudar a 'gente real' con 'problemas reales' y mediante 'soluciones reales'. Todo normal.

La idea de la realidad, la normalidad, el pragmatismo y la eficiencia en unos días asocia estas ayudas psicológicas a las que se prestan en algunas grandes empresas a empleados con fatiga crónica, descensos de motivación, falta de iniciativas, descenso -en fin- de productividad. Compañías como Arthur Andersen, IBM, General Electric o Motorola, por ejemplo, emplean servicios de coaching regularmente. Personajes de la vida pública tan conocidos como Bill y Hillary Clinton, la actriz mexicana Salma Hayek o el tenista Agassi han recurrido alguna vez a esos servicios.

Un escolta para cada uno

El ejercicio del coaching, también llamado life coach, puesto que entrena para vivir, contó entre sus fundadores con Thomas Leonard, quien asegura que para dentro de cinco años cada uno de nosotros tendrá a su lado un coach, una suerte de escolta al que haremos partícipe de nuestras miserias y él las reprocesará para hacernos grandes.

'Las personas que solicitan un coach', dice Leonard 'están razonablemente ajustadas emocionalmente, tienen familias felices y pueden ser incluso trabajadores de éxito. No necesitan terapeutas ni psiquiatras. Lo que les hace falta es una suerte de alter ego objetivo que escuche lo que le cuenten, ayude a ordenar las prioridades y actúe como un buen guía en las elecciones que se escojan'. Se trata, en fin, de agregar un puntal a la personalidad o compactar el yo en un tiempo en que es fácil la disolución o las disgregaciones.

El negocio de los coach empezó con la demanda de los yuppies y ahora se extiende hasta las amas de casa, los dentistas o los periodistas. Entre las tareas más comunes que desarrolla este nuevo profesional (unos 8.000 actualmente en Estados Unidos y varios cientos en Europa) se encuentra la de mejorar destrezas en la comunicación social, devolver el espíritu de competencia o de lucha, ordenar horarios y dedicaciones, potenciar la ideación, clarificar la mente, devolver la serenidad, corregir conductas o pensamientos negativos, etcétera. El coach, siempre cerca, es como un especialista amigo íntimo. Sólo hay que pagarle la sesión.

Se puede pedir su apoyo directamente en sesiones de 45 minutos o también a través de Internet, con lo cual se gana confortabilidad se ahorra tiempo y dinero en el transporte, se eliminan las dudas sobre qué me pongo para salir. Las sesiones pueden ser, a la vez, mediante el teléfono, y un lote de cuatro conversaciones de 45 minutos, a razón de una por semana, cuesta 200 dólares.

75 dólares al mes por Internet

Luego se puede acudir a Internet para aclarar dudas u obtener un consejo de urgencia, todo ello sin limitación temporal. Sólo si se escoge en exclusiva la comunicación por Internet la tarifa es de 75 dólares mensuales. Libros complementarios para progresar mejor son facilitados por las distintas compañías que desde hace poco proliferan en la Red.

A la consulta en Google, por ejemplo, del término life coach, el buscador responde ahora con un total de 1.390.000 entradas. No se trata por tanto de un fenómeno tan extraño como parece en España, a pesar de existir la web OlaCoach.com, en idioma español.

Pero, ¿se puede, de verdad, confiar en un coach? El coach no posee más título que el expedido por las escuelas de coaching. Algunos pueden ser psicólogos, pero no es un requisito. Se forman como monitores del espíritu con un currículo que se parece a los de los socorristas y no llega al nivel de un fisioterapeuta.

Existen, con todo, cada vez más escuelas y hasta seudouniversidades, como la Coach U, del mismo Thomas Leonard, o la organización titulada Coach Ville, que asegura ser la mayor del mundo, con 9.000 miembros en 70 países.

¿Una revolución, pues, en el trato psicológico de la personalidad posmoderna? ¿Un barato sistema de urgencias para no ser infeliz? ¿Un equipo mecánico en boxes para no dejar de correr y correr?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de marzo de 2002

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